sábado, 7 de junio de 2014



Autogestión para el autocuidado. Autocuidado para la autogestión















Beatriz Eudalia Arredondo Galaviz
Lo que no seas capaz de hacer por ti mismo, nadie lo hará
Sabiduría popular

El presente ensayo tratará de explicar la relación entre autogestión y autocuidado, el primero como tema central de la materia que origina este documento, el segundo como objeto de investigación de quien suscribe. Para esto, primero conviene intentar definir los conceptos que nos atañen antes de explicar  la relación entre ambos.

     El autocuidado se origina en la salud pública, específicamente en el área de la enfermería cuando Dorothea Orem desarrolló las Teoría del Autocuidado. La enfermera lo definió en ese entonces como “la práctica de actividades que los individuos inician y realizan en su propio beneficio para el mantenimiento de la vida, la salud y el bienestar” (Orem, 1976). Desde entonces, el desgaste físico y emocional que produce trabajar para otros seres humanos ha sido un foco de observación no sólo para enfermeras, se incluyen, médicos, psicólogos y cuidadores,  entre otros. Por ejemplo en la Guía para la Reflexividad y el  Autocuidado lo definen como:

Una función inherente al ser humano e indispensable para la vida de todos los seres vivos con quienes interactúa; resulta del crecimiento de la persona en el diario vivir, en cada experiencia como cuidador de sí mismo y de quienes hacen parte de su entorno. (Desarrollo Programático y Fortalecimiento Institucional, Secretaría Ejecutiva del Sistema de Protección Social. (s.f.).
           
     Por su parte, el concepto de autogestión se encuentra íntimamente ligado a la historia del movimiento obrero y sus luchas geopolíticas. Etimológicamente significa gestión por uno mismo. Entendamos ese “uno mismo” desde un colectivo, un grupo de personas que gestionan por y para ellos. Ciolli y Rodríguez (2011) lo definen como:

el ensayo de formas de organización asociativas basadas en relaciones sociales sin explotación, donde trabajo manual e intelectual, en principio, no se encuentran escindidos como premisa organizativa, porque el control y la direccionalidad del proceso de producción está en manos de los trabajadores asociados (sin jefe o patrón).

     Ambos conceptos en su más básica definición señalan la acción por uno mismo. Sin embargo para el autocuidado pareciera que su medio y fin es el individuo, es importante resaltar que sin dejar de ver lo que cada uno tiene que hacer para cuidarse, se necesita de los otros, de un equipo, de una organización o institución que genere las condiciones necesarias para el cuidado de la persona. Queda claro que como punto de arranque desde sus definiciones, ambos conceptos comparten la acción propia para el logro de un beneficio común.
         
     En continuación con la relación que se pretende realizar, uno de los elementos centrales que ha guiado nuestra reflexión a lo largo del curso, es que la autogestión es un proceso y no un acto de generación espontánea. Es además generada por actores que pueden estar dentro o fuera de la comunidad. Esto ha ayudado a  considerar algunos elementos que apuntan a un ideal de autogestión, como son: la toma de conciencia, la lucha por los recursos, la generación del poder, la detección de necesidades sentidas por la comunidad y la negociación.

          El primer elemento, la toma de conciencia, gira en torno a cómo la comunidad debe ser consciente de su realidad, de sus afectos, debilidades y fortalezas, es decir, debe saber cuál es la problemática que les afecta como colectivo para que su lucha les signifique a todos.

          Con el tema del autocuidado pasa algo similar, cuidarse, o querer cuidarse implica ser conscientes del porqué se quiere hacer, es decir, se deben responder ciertas interrogantes como: ¿para qué me cuido? ¿Qué pasa si no lo hago? ¿De qué me cuido? ¿Cómo lo hago? En este proceso reflexivo se espera que se encuentren las motivaciones o compromisos para que el cuidado de uno mismo sea en colaboración con los demás.

       Con respecto a la lucha por los recursos, el debate rondó sobre la validez de la participación económica de actores externos. Para algunos, la intervención, específicamente del estado hacía que un grupo no fuese autogestivo, esto porque el ideal era que la comunidad sostuviera su lucha con sus propios recursos, pero esto limitaba a sectores de la comunidad que literal “no tenían que comer”, porque entonces ¿cómo luchar con la panza vacía? Además, los recursos de gobierno también son de la comunidad, ¿por qué no aprovecharlos?

En relación al autocuidado, el tema de los recursos no presenta mayor discusión, entre mayor sea el ingreso, es también mayor la posibilidad de cuidarse. Aunque se destaca que para los equipos de trabajo que atienden a niños en situación  de calle, específicamente los que lo hacen desde organizaciones civiles, la tarea es doble porque la labor del educador o educadora de calle en México es poco reconocida aún. En el contexto de las organizaciones, sus condiciones de trabajo son precarias. El trabajo de calle se ubica en las áreas definidas comúnmente como operativas, que están situadas en el nivel más bajo de la jerarquía institucional, lo que implica salarios menos altos que el resto del personal. Además, las prestaciones sociales son escasas. (Arteaga y Pérez, 2009, p.6).

          Como se mencionó antes, el término de autogestión, se originó con los movimientos obreros como una alternativa al desequilibrio de poder. En este elemento se subrayó el adelgazamiento del estado, y como esto detona grupos organizados para la mejora de sus condiciones, ya sean ambientales, de seguridad o  económicas, entre otras. Un claro ejemplo que ilustró la creatividad para suplir las lagunas del estado fueron los grupos de autodefensas surgidos en Michoacán, para algunos hay una clara lucha por el poder, sin duda están organizados, sus necesidades sentidas –y sobre todo dolidas- son la constante para la mayoría, pero el elemento que hizo ruido fue el tema de los recursos, ¿Quién financia su lucha? Porque en este caso, recibir apoyo económico si cuestiona si son autogestivos.

La discusión que se generó a partir del ejemplo antes mencionado, nos llevó a cuestionarnos ahora, si el narco ¿es un grupo autogestivo? Su capacidad organizativa, la generación de recursos independiente del estado, la opción que prestan al  desempleo y la pobreza que se vive en el país los colocaban del lado de la autogestión, pero, aunque se busque la lucha por el poder, este grupo no busca un fin común, sino el propio. Para López (2010) el funcionamiento de organizaciones colectivas autogestionarias, distingue de otros modelos de organización por las posibilidades de iniciativa y de responsabilidad correspondientes a los actores involucrados (p.2).

En cambio, para el autocuidado la cuestión del poder radica en la dinámica de trabajo de los equipos, en la medida que exista una toma de decisiones más horizontales al interior, es que las consecuencias derivadas de la atención a grupos vulnerables puede compartirse entre el equipo, y así prevenir, cualquier síntoma del desgaste de profesional.

Otro de los elementos que se contemplan idealmente para identificar la autogestión, tiene que ver con la detección de necesidades sentidas por parte de la comunidad. Se llegó a este punto después de reflexionar los tipos de intervención, ya que muchas veces, se llegan a imponer programas y proyectos que responden a lineamientos políticos, más que a las demandas de la comunidad. Por tanto, se concluyó que el motor de los grupos autogestivos son las necesidades sentidas y  compartidas del colectivo.

Por su parte, la implementación de medidas de autocuidado requiere que los involucrados participen activamente en la detección de aquellos riesgos psicosociales a los que están expuestos en el cumplimiento de su labor. Esto permitirá que cada uno de los cuidados responda a las necesidades  de los actores.

Por último, el elemento de la negociación es la clave para probar que un grupo autogestivo puede resolver sus conflictos y buscar resultados que sean útiles para la comunidad ya que requiere poner en práctica una serie de herramientas complejas para escuchar las necesidades y traducirlas en una gestión que contemple la voz del grupo. Por su parte, para el autocuidado, es la muestra de un proceso que conlleva varios ejercicios como la reflexividad, el intercambio, el diálogo y la escucha.












Referencias
Arteaga Monroy, Miguel Ángel y Pérez López, Ruth (2009). Revista latinoamericana de ciencias sociales, niñez y Juventud 7(2): 887-905, 2009. Identidad y práctica profesionales del educador y la educadora de calle en México.
Ciolli, Vanesa y Rodríguez, María Carla, 2011. Tensiones entre el emprendedorismo y la autogestión: el papel de las políticas públicas en este recorrido. ORG & DEMO, Marília, v.12, n.1, p. 27-46, Jan. /Jun., 2011
López, Sotomayor Gabriela, 2010. Ponencia presentada en el VIII Congreso Latinoamericano de Sociología Rural,  Porto Galinhas.
Orem, Dorotea (1976). Fundamentación teórica del Autocuidado. Consultado el 03 de diciembre de 2012 en:http://www.eneo.unam.mx/servicioseducativos/materialesdeapoyo/embarazo/blanca/documentos/Fundamentacion_teorica.PDFPUND.

Desarrollo Programático y Fortalecimiento Institucional, Secretaría Ejecutiva del Sistema de Protección Social. (s.f.). Guía para la Reflexividad y el Autocuidado. Dirigido a Profesionales y Educadores de Equipos Psicosociales de los Programas del Sistema de Protección Social, Chile.

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