martes, 26 de abril de 2016

Las niñas y niños mixtecos de la Colonia Ferrocarril y su relación con prácticas autogestivas (Mariana Aguirre González)


LAS NIÑAS Y NIÑOS MIXTECOS DE LA COLONIA FERROCARRIL Y SU RELACIÓN CON PRACTICAS AUTOGESTIVAS  



PRESENTA:

Mariana Aguirre González


Guadalajara, Jalisco,  13 de abril de 2016

El concepto de autogestión, hace referencia a la gestión por uno mismo. Etimológicamente el prefijo  “auto” significa “por uno mismo o propio” y gestión se define como administrar o hacer actividades para conseguir algo. Entonces, la idea de autogestión se relaciona con la participación directa en la toma de decisiones que afectan nuestra vida.
La autogestión responde a un contexto en donde comienza el desarrollo del modelo de producción capitalista. Históricamente tiene su origen en los movimientos obreros, en la puesta en marcha de la Revolución Industrial, lo que dio como resultado la creación de comunidades autogestionadas para la producción, el consumo y la provisión de servicios. Además, se realiza una crítica radical a la sociedad industrial  por las relaciones de explotación del trabajo.
La autogestión se presenta como una perspectiva superadora de las relaciones sociales capitales en el sentido de proponer formas de organización asociativas basadas en relaciones sociales sin explotación.
Por otro lado,  la autogestión comunitaria es una gestión desde la comunidad. Que permite tomar acciones para transformar unas condiciones en donde supuestamente no se puede hacer ningún cambio por la comunidad que se encuentra en un contexto específico,  por ejemplo la pobreza. La autogestión es una práctica que promueve cambios a un nivel cotidiano pero también a niveles estructurales, es una forma diferente y creativa de solucionar conflictos y necesidades de una población,  intenta mejorar la calidad de vida.
En ese sentido, el concepto de autogestión comunitaria facilita la relación con las prácticas organizativas de los pueblos originarios, por el hecho de que  históricamente las y los indígenas  tienen una tradición de apoyo mutuo organizado, lo cual les permite desarrollar con mayor facilidad herramientas que promuevan las cuestiones autogestivas. Como comenta Rodriguez y Ciolli (2011), “la insurgencia zapatista y las revueltas indígenas en Bolivia y Ecuador, recuperan la vigencia de tradiciones ancestrales de organización comunitaria, desde cosmovisiones que disputan la hegemonía cultural occidental” (p.32).
Actualmente la propuesta teórica del Sumak Kawsay o Buen vivir plantea  buscar una buena vida para todos, además se inspira en el servicio a los demás y en el respeto de todos los seres de la naturaleza, habría que decir también que está en contra de los modelos neoliberales-capitalistas.  
En Bolivia se plantea el Vivir Bien, no un vivir mejor a costa del otro, sino un Vivir Bien basado en la vivencia de nuestros pueblos (Choquehuanca, 2010, p. 8).
Además se realiza una crítica al modelo de desarrollo, en el sentido de que el desarrollo está relacionado con el vivir mejor, lo que implica el egoísmo, el individualismo, la competencia, la mentira, el consumismo, la explotación. Ante el fracaso del desarrollo, desde el mundo occidental se pretende retomar las experiencias de los pueblos indígenas, pero sin hacerlo desde una visión de respeto, sin valorar y entender sus saberes.
El desarrollo occidental implica para las y los indígenas buscar el acceso a la modernidad, dejar sus usos y costumbres, incorporarse a la lógica del mercado, abandonar sus territorios, renunciar a sus formas de autodeterminación e identidad, olvidarse de su organización local. Además involucra que las comunidades dependan de las propuestas del Estado para que esté resuelva sus necesidades y disminuir las capacidades  que ellos y ellas tienen para satisfacerlas.
            El Vivir Bien permite darnos cuenta de que se pueden realizar cosas diferentes a lo que nos ha mostrado el sistema occidental, y que los pueblos originarios están tomando sus propias decisiones, resolviendo conflictos, defendiendo sus tierras, poniéndose de acuerdo, autogestionandose. Nos muestran que hay caminos diferentes y que la organización es fundamental.
 El planteamiento anterior tiene relevancia para mi proyecto de investigación porque la población con la que trabajo son niñas y niños mixtecos que viven en la colonia Ferrocarril. Por lo que el recuperar  esa parte de la organización y la autogestión que han practicado los pueblos originarios  a lo largo de su historia, permite reflexionar procesos autogestivos de indígenas que actualmente viven en la ciudad y específicamente al hablar de las niñas y niños que provienen de familias indígenas.
A continuación describiré a grandes rasgos el contexto que facilita que las poblaciones indígenas tengan que migrar a otras ciudades para buscar un mejor nivel de vida y las dificultades que enfrentar al establecerse en las grandes urbes.  
El número de personas en el mundo que migran dentro de los países y de un país a otro sigue en aumento.
Los flujos migratorios, principalmente de carácter rural-urbano, han respondido directamente a la centralización de la actividad económica del país.
Asimismo, junto a la migración rural-urbana en México, el fenómeno de la  migración indígena también se ha dado de manera paralela al proceso de  industrialización y urbanización, sobre todo a partir de la década de los años  cuarenta, involucrando en sus diversas modalidades a millones de personas. 
Los pueblos indígenas sienten con particular intensidad los efectos de la urbanización que brinda oportunidades socioeconómicas, pero acarrea a la vez graves consecuencias para su cultura, patrimonio y conexión con sus tierras tradicionales.
Se cree comúnmente que la abrumadora mayoría de los pueblos indígenas vive en  territorios rurales, pero la realidad es que hay muchos indígenas que viven en zonas urbanas. Los pueblos indígenas urbanos suelen estar dispersos geográficamente, por lo que se puede pasar por alto el hecho de que constituyen una comunidad bien diferenciada.
La migración del campo a la urbe trae consigo problemas de marginalidad, desigualdad social, subempleo y grandes poblaciones que no tienen acceso a la educación y promoción social. La población indígena se convierte en un problema ético- social.
 La migración desde el campo es un factor de vulnerabilidad para numerosas localidades urbanas, tanto por la acelerada expansión demográfica y territorial que genera, y los desafíos que acarrea, como por el proceso de “ruralización” que experimenta y que entraña una modalidad especial de rezago. La migración entre ciudades modifica esta relación relativamente clara entre migrantes y vulnerabilidad,  y la hace más difusa.


En ese sentido, la colonia ferrocarril ubicada en el Área Metropolitana de Guadalajara, es la zona urbana en donde se ubican  los y las migrantes indígenas mixtecos, se encuentra en un punto geográfico cercano al centro de la ciudad de Guadalajara, por lo que las rutas de ingreso a la comunidad son accesibles a través del transporte público, vehicular y peatonal. Pese a dicha centralidad la colonia se encuentra olvidada por los habitantes de Guadalajara, estando rodeada por fábricas y terrenos irregulares. Es una colonia en donde se presentan riesgos sociales como la pobreza, violencia, desprotección jurídica e institucional y discriminación. Igualmente, existen problemáticas sociales como desempleo, bajos niveles de escolaridad, drogadicción y delincuencia, lo que da como resultado situaciones que contribuyen a un ambiente con alta vulnerabilidad.
En ese contexto se encuentra inversa la niñez mixteca, aunada  a que la situación de las niñas y los niños migrantes indígenas, en las grandes urbes, es una realidad compleja y contradictoria, es complicado abordar el tema de autogestión, debido a las condiciones de vida en las que se desarrolla la niñez de la colonia ferrocarrilera.
Las niñas y los niños indígenas  se encuentran en un mayor riesgo de que sus derechos sean violentados. En principio por el sólo  hecho de ser infantes son excluidos de formas múltiples como ciudadanos, ya que culturalmente se les considera como “menores de edad”.
Además se tiene la creencia de que las niñas y los niños son posesión de las personas adultas por el hecho de que satisfacen sus necesidades básicas como alimentación, techo, vestimenta, etc. Lo anterior implica creer que las personas adultas tienen el control de recursos y de decisiones de la infancia por la obligación que tienen de brindar cuidado hacia las niñas y los niños.
 Al mismo tiempo se considera a las y los infantes como  personas que no pueden tomar decisiones, que no tienen voz, que son pasivos,  que son como una tabula rasa, moldeables, etc. Esas características anulan la posibilidad de concebir a la niña o niño como ciudadanos.
Otra idea relacionada con la infancia, es pensar que las niñas y niños están sujetos a las decisiones de las personas adultas. Esta implica que ellos y ellas son inocentes y no pueden pensar, por lo tanto las personas adultas son las poseedoras del conocimiento, las que tienen que decir lo que implica un desarrollo adecuado para el niño o la niña,  y son los que crean  las políticas públicas.
Una concepción más que se tiene de las niñas y los niños es que pueden participar en las decisiones relacionadas con sus vidas, siempre y cuando un adulto  lo considere adecuado. Lo que implica que el que toma la última palabra es la persona adulta y la palabra del niño o niña queda desvalorizada.
En el caso de la niñez mixteca, sumado a las concepciones negativas de la infancia se encuentra el origen étnico, por lo cual son acreedores a burlas, discriminación y  malos tratos. Son notables las situaciones de violencia, discriminación y la desprotección jurídica en la que viven las y los infantes de la colonia ferrocarrilera, por lo que es indispensable dirigir acciones desde diferentes ámbitos como el académico, político, social, económico y de participación ciudadana.
En el aspecto académico, investigadores/ras en ciencias sociales han realizado estudios de la infancia desde una postura de reconocimiento hacia la conformación social y política de las y los niños como sujetos capaces de concebirse y explicarse a sí mismos y a los contextos que los rodean (Robles Irazoqui, 2012).
Por lo cual, coincido con el autor, en el sentido de considerar a las niñas y niños como agentes sociales que participan, otorgan sentido, se conciben y explican a sí mismos y a la realidad en la que se encuentran inmersos. Además, la población infantil tiene una capacidad creativa enorme, son curiosas, preguntan, investigan, se sorprenden. Por lo que es fundamental establecer formas de diálogo para intercambiar saberes propios con los de las infancias en el contexto de la investigación (Corona Berkin, 2012).
Considero que como profesionales de las ciencias sociales es indispensable que realicemos un análisis riguroso de la realidad, que desarrollemos un ojo crítico y que nuestros análisis permitan develar las diversas estructuras de la desigualdad en la que nos encontramos.
En este sentido, se considera que es fundamental analizar los procesos sociales que atraviesan las infancias, incorporando al análisis las distintas perspectivas de los niños y las niñas. Afortunadamente, en la actualidad, cada vez más académicos/as centran sus reflexiones en los procesos sociales que involucran a los niños y niñas incluyendo la agencia infantil no sólo a nivel discursivo en el análisis, sino metodológicamente al dar cuenta de  sus perspectivas respecto de las situaciones que los envuelven (Hecht & Garcia, 2014).
En conclusión considero que para fortalecer los procesos autogestivos con las niñas y los niños mixtecos de la colonia Ferrocarril, es trascendental  escuchar lo que piensan, sienten y la forma en que ven al mundo que los rodea, lo anterior  permite que las niñas y los niños reconozcan que participar en su comunidad es importante, que sus opiniones son respetadas, reconocidas y que tiene trascendencia para modificar las circunstancias de su alrededor. 
Además el desarrollo de las niñas y los niños ocurre en un contexto de interacción con los otros y su entorno, por lo que no se encuentra aislado, sino en constante participación activa. 
El propiciar espacios en donde las niñas y los niños puedan  expresar sus opiniones va fortaleciendo conductas y actitudes de participación ciudadana, lo que va promoviendo que las niñas y niños cuestionen los diferentes argumentos que se formulan desde la familia, la escuela y en general de la vida adulta. Por lo tanto, es probable que  esas niñas y los niños sean ciudadanos que se organicen para buscar alternativas a sus problemáticas, sin esperar a que venga el Estado  con una varita mágica a solucionar sus necesidades, sino que tomarán cartas en el asunto de manera participativa, lo cual tendrá como resultados aportaciones valiosas para el desarrollo social tanto de manera individual como colectiva. 
Otro aspecto fundamental para fomentar la autogestión es transformar las relaciones de poder que existen entre la niñez y la adultez, aunque lo anterior sea un proceso lento debido a que se trata de cuestiones culturales, es imprescindible  modificar la cultura tutelar en relación con la niñez, ya que promueve conductas asistencialistas.
Es necesario construir nuevas formas de organización social y que todas las personas independientemente de su edad, sexo, etnia u orientación sexual, sean sujetos de derecho. En el caso de la niñez,  según González (2012) se requiere un desplazamiento de la persona adulta de su escala de poder y darle a la niña y el niño el lugar que les corresponden como sujetos con derechos ciudadanos y un nuevo marco institucional que redefina la responsabilidad parental ante las niñas y los niños, reforzando sus redes sociales y la responsabilidad comunitaria”. (p. 8)
Otro aspecto que considero importante para ir fomentando la autogestión es platicar y enseñarles a las niñas y niños ejemplos de prácticas autogestivas, rescatar la memoria histórica de nuestros pueblos y en específico de las resistencias indígenas, como se mencionaba anteriormente en esos contextos se cuentan con experiencias enriquecedoras.
Con respecto al proceso de investigación es importante reflexionar para abonar en transformar las relaciones de poder y fomentar las prácticas autogestivas, en ese sentido el  investigador y el investigado son parte uno del otro, por lo que es imprescindible construir el conocimiento con el otro.
Desde mi posición de investigadora, he tenido que re-conocer, en primera instancia la posición de poder en la que me encuentro en el sentido de ser la investigadora (“poseedora de conocimiento”) y desde el adultocentrismo. Desde mi punto de vista  el darse cuenta de lo anterior, es un primer paso para asumir una posición de horizontalidad y llegar con una disposición diferente al encuentro con las niñas y los niños.  
Otro aspecto que me parece fundamental re-conocer es la igualdad y la diferencia de la niñez de la colonia ferrocarril, en ese sentido romper con mis prejuicios hacia las niñas y niños, en el fondo romper con la visión cultural en donde se percibe a la población infantil como indefensa y que no tienen esa capacidad de participar como protagonistas de sus vidas, de que son inferiores a los adultos y son como recipientes que tienen que ser llenados con nuestro conocimiento.
La interacción con la población infantil de la ferrocarrilera me ha permitido reconocer la agencia que tienen la niñez, la inteligencia y su manera diferente de de ver el mundo.
Por lo anterior, concuerdo con Mario Rufer (2012):

 “Con su propuesta de asumir el privilegio epistémico que “no sólo es una manera de decir “aquí está el intelectual que habla desde un lugar valorado y autorizado” sino ejercer el potencial político de esa asunción que no es, hablar por, sino escuchar.” (p.75).

La investigación con niños y niñas implica la construcción de una postura que pone en entredicho la posición social ocupada por éstos y los analistas en la producción de conocimiento y el lenguaje. Todos los estudios acerca de la infancia ofrecen un diálogo concreto con los pequeños (Ribes Pereira, 2012).
 Fletes y Rizzini (2004) exponen que como responsables, en parte, de la difusión de conceptos para el estudio de la infancia, debemos realizar un esfuerzo para develar los mecanismos conceptuales con los cuales los miramos y  clasificamos a la infancia. Esto es importante si no queremos caer en asistencialismo y adultocentrismo.
Finalmente, me resulta positivo poner sobre la mesa que a través de los procesos de investigación también podemos ir abonando a otros procesos, en este caso a la autogestión.






Referencias
Choquehuanca, David. (2010). Sumak Kawsay: Recuperar el sentido de vida. América Latina en movimiento p. 8-13.
Corona Berkin, S. (2012). Investigar con "Nosotros y los Otros". Un diálogo con la infancia. En Y. Robles Irazoqui, Entre nosotros y los otros. Experiencias metoológicas de investigaciones con niño sobre comunicación y la vida social. (págs. 7-10). Tuxtla Gutiérrez: Universidad Autónoma de Chiapas.
Fletes, Ricardo e Irene Irizzi (2004) “Río-Guadalajara: paralelismos en el proceso de marginación y niños de la calle”. En Ricardo Fletes e Irene Irizzi (orgs.)  Niños y adolescentes creciendo en contextos de pobreza, marginalidad y violencia en América Latina. Río de Janeiro: PUC/CIESPI/Childwatch International Research Network
González Coto, M; (2012). LA AGENCIA DE LA NIÑA Y EL NIÑO EN LA CONDICIÓN PRE-CIUDADANA. Revista Electrónica "Actualidades Investigativas en Educación", 12() 1-19. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa
Hecht, A. C., & García, M. (2014).Niños y niñas en las fuentes etnográficas sobre poblaciones indígenas (QOM-MBYA). Papeles de trabajo, 61-78.
Ribes Pereira, R. M. (2012). Investigación con niños: Perspectivas para la producción de conocimiento horizontal. En Y. Robles Irazoqui, Entre ello y los otros. Experiencias metodológicas de investigaciones con niños sobre la comunicación y la vida social (págs. 35-48). San Cristóbal de Las Casas: Centro de Estudios Jurídicos y Sociales Mispat, A.C., Universidad Autónoma de Chiapas y Educación para las Ciencias en Chiapas, A.C.
Robles Irazoqui, Y. (2012). Introducción. En Y. Robles Irazoqui, Entre Nosotros y los Otros. Experiencias metodológicas de investigaciones con niños sobre la comunicación y la vida social. (págs. 11-15). Tuxtla Gutiérrez: Universidad Autónoma de Chiapas.

Rodríguez, M., Ciolli, V. (2011). Tensiones entre el emprendedorismo y la autogestión: el papel de las políticas públicas en este recorrido. ORG & DEMO, Marília, v.12, n.1, p. 27-46. Recuperado  de http://www2.marilia.unesp.br/revistas/index/article/viewFile/773/674
Rufer, M. (2012) “El habla, la escucha y la escritura. Subalternidad y horizontalidad desde la crítica poscolonial”, en Kaltmeier, Olaf; Corona Berkin, Sarah (eds.) En diálogo. Metodologías horizontales en las ciencias sociales, Gedisa, México.



Las jóvenes embarazadas en minoría de edad y la autogestión (Paula Karina Quevedo Mojarro)


Las jóvenes embarazadas en minoría de edad y la autogestión 




Alumna: Paula Karina Quevedo Mojarro



11 de abril de 2016









ÍNDICE


I.               Introducción………………………………………………….3
II.              Los derechos sexuales y reproductivos
son derechos humanos……………………………………3
III.            Desarrollo social a través de las personas…………….5
IV.           Política social y derechos…………………………………7
V.             El concepto de autogestión……………………………….8
VI.           Las jóvenes embarazadas en minoría de edad
y la autogestión……………………………………………...9
VII.          A manera de propuestas………………………………….11
VIII.        Referencias………………………………………………….13










I. Introducción

En el presente apartado se describirá la relación existente entre el desarrollo social, los derechos humanos y los derechos sexuales y reproductivos, la condición de embarazo en minoría de edad y la autogestión; el desarrollo social entendido como un conjunto de estrategias y programas por parte del Estado dirigidos a la población en general, es decir, aquí no se abordará el sustento teórico del mismo ya que esto se encuentra en el apartado de marco teórico de la tesis de la que este escrito forma parte.

El objetivo principal de este texto es exponer algunos argumentos importantes en relación al desarrollo social en una población en particular: las jóvenes embarazadas en minoría de edad, y por qué es sumamente importante garantizar el cumplimiento de sus derechos humanos como vía para el desarrollo social; de igual manera se exponen otras posibles vías de desarrollo social y estas son desde las prácticas cotidianas de estas jóvenes y su posible autogestión.


II. Los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos

El tema de los derechos humanos es fundamental, en México este tema ha sido analizado y discutido desde diversos puntos de vista. A continuación se abordará el tema de los derechos sexuales y reproductivos (principalmente) y su relación con algunos otros derechos y con el desarrollo social y la autogestión.

Es conveniente iniciar con el señalamiento de que el Estado mexicano ha firmado diversos y numerosos acuerdos internacionales en el tema de los derechos humanos con lo que se comprometió a proteger y hacer cumplir lo estipulado, con ello, adquirió obligaciones para con su sociedad. Concretamente, es importante señalar que dentro de estos acuerdos firmados por México existen dos de peculiar importancia en el tema de los derechos sexuales y reproductivos: las conferencias mundiales de El Cairo (1994) y la de Beijing (1995); Mícher (2015) señala que dichas conferencias son sumamente importantes para el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres, y agrega que la igualdad de género es el ingrediente sine qua non del desarrollo.

Además, en concordancia con Mícher (2015), se debe señalar que los derechos sexuales y reproductivos se encuentran dentro de los derechos humanos ya que en el artículo cuarto de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos (1917) se estipula que: tanto la mujer como el hombre son iguales ante la ley y eleva a rango constitucional el derecho de toda persona a decidir de manera libre e informada sobre el número y espaciamiento de procreación de sus hijas e hijos.

Aunado, Mícher (2015, pp. 14-15) menciona que “El ejercicio de los derechos reproductivos está vinculado al ejercicio de otros derechos, tales como el derecho a la vida, a la integridad personal, al libre desarrollo y bienestar, a no ser discriminada, a la libertad de conciencia y de religión, a la intimidad personal y a la salud (…) (además de[1]) estar vinculados también con el derecho a la salud, a la libertad y a la no discriminación, entre otros”.

Asimismo los derechos sexuales y reproductivos también se encuentran estrechamente vinculados con el desarrollo social (y el desarrollo humano) ya que como se menciona en la Ley General de Desarrollo Social (2004) en su Capítulo 1, Artículo 1, esta Ley tiene por objeto “Garantizar el pleno ejercicio de los derechos sociales consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, asegurando el acceso de toda la población al Desarrollo Social”; es decir, para que podamos hablar de una verdadera existencia de desarrollo social en nuestra sociedad primero deben ser garantizados los derechos humanos, incluidos los derechos sexuales y reproductivos.

Además cabe señalar que en la Ley General de Desarrollo Social (2004: Capítulo 1, artículo 11) se menciona que entre sus objetivos se encuentra “propiciar las condiciones que aseguren el disfrute de los derechos sociales, individuales y colectivos, garantizando el acceso a los programas de desarrollo social y la igualdad de oportunidades, así como la superación de la discriminación y la exclusión social.

Y en igualdad de importancia se hace mención de que los programas, fondos y recursos destinados al desarrollo social son prioritarios y de interés público; y se tiene como prioridad la educación, prevención y control de enfermedades trasmisibles y atención médica, personas en situación de pobreza, marginación y vulnerabilidad, alimentación y nutrición materno-infantil, vivienda, generación y conservación de empleo (Ley General de Desarrollo Social: 2004: Capitulo 3, artículo 19).

Para poder hablar de desarrollo social, éste debe ser a través de las personas, mediante el cumplimiento de sus derechos humanos, incluidos los sexuales y reproductivos; por ello se debe evidenciar que la situación de los derechos humanos, en especial para las mujeres, no es la esperada, no existen las condiciones necesarias para garantizar su cumplimiento.


III. Desarrollo social a través de las personas

Como se ha mencionado, México adquirió el compromiso de adoptar las medidas apropiadas para el cumplimiento de los derechos sexuales y reproductivos; sin embargo Mícher (2015, p.11) recalca que “la legislación mexicana aún no provee con claridad y certeza el contenido jurídico de los derechos sexuales, de manera tal que es posible aseverar que no se encuentran lo suficientemente garantizados y, por tanto, son con frecuencia vulnerados, particularmente en perjuicio de las mujeres y en diversas modalidades de acuerdo a su grupo etario”.

Debido a esta falta de garantías y marco normativo, los derechos sexuales y reproductivos se ciñen a una caracterización social de las mujeres como instrumentos reproductivos y objetos sexuales, y se anteponen las prácticas sociales que caracterizan el ejercicio de la sexualidad como un mero medio de procreación (Mícher, 2015); como consecuencia, los derechos sexuales y reproductivos se convierten en meras sugerencias los cuales no se garantizan y lo que impera son las prácticas socioculturales en torno a la sexualidad y la reproducción.

Se considera necesario, y en concordancia con Mícher (2015), fortalecer el contenido normativo y que realmente se garantice el cumplimiento de los derechos humanos en general y de los derechos sexuales y reproductivos en particular, ya que “Los derechos sexuales garantizan que las personas tengan control sobre su sexualidad. Por ello, los componentes de la sexualidad que deben estar protegidos son, cuando menos, la identidad sexual, la elección de pareja y la limitación a la actividad sexual coercitiva. De esta forma, se protege la actividad sexual no procreativa o no heterosexual” (Miller, A. 2002, en Mícher, 2015 p. 15).

Resulta evidente la actual insuficiencia tanto legislativa como en la praxis en cuanto a derechos sexuales y reproductivos en nuestro país, si en realidad se pretende generar desarrollo social en México para todas y todos, éste debe comenzar desde el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el Estado para garantizar nuestros derechos, particularmente, “El Estado debe asumir, de una vez por todas, su obligación de garantizar la vida y la salud de las mujeres” (Mícher, 2015, p. 21).

Ante este panorama en el que el incumplimiento por parte del Estado es evidente; y las necesidades, vulnerabilidad e incluso demandas de una sociedad cada vez más inconforme se hacen presentes, se deben estudiar las alternativas existentes tanto para exigencia de nuestros derechos como para la resolución de problemas que no pueden esperar la intervención del Estado. No con ello se sugiere el desplazamiento de la labor del Estado, ya que como señala Torres (2015, p. 34) “el gobierno es un actor clave del desarrollo social, es mediante sus adecuadas intervenciones e inversión en beneficio de las personas que puede hacer la gran diferencia en el rumbo del desarrollo de su población”; así, la sugerencia es además reconocer las prácticas que realizan los sujetos como posibles vías de acceso al desarrollo social.


IV. Política social y derechos

Antes de continuar con esta sugerencia del reconocimiento de prácticas, es preciso señalar y recalcar que es el Estado un actor clave y no sólo eso sino que es quien determina el rumbo que ha de tomar la política social y los derechos sociales, fundamentales en el desarrollo social.

La importancia de la política social es tal, que como señala Torres (2015) representa el mecanismo rector de intervención social empleado por las instituciones de gobierno a través de programas sociales encaminados al bienestar social, “no como caridad o filantropía sino como obligación institucional a partir de la vigencia de los derechos. En otras palabras, los derechos son el instrumento de exigibilidad que el sujeto tiene frente al gobierno, el cual debe cumplirlos a través de la política social” (Torres, 2015: p. 44).

Sin la política social y los derechos sociales no podemos hablar de desarrollo, ya que son su base misma, es necesario que el Estado garantice las condiciones mínimas de bienestar y justicia social encaminado al pleno ejercicio de derechos. Sin embargo, como expresa Torres (2015, p. 46) “la política social en México es asistencialista, focalizada, excluyente y reduccionista”; particularmente en la atención a jóvenes la política social, programas sociales e institucionales gubernamentales se muestran limitados (Torres, 2015).



V. El concepto de autogestión

Precisamente ante estas limitantes e insuficiencia que presenta la labor del Estado a través de sus organismos gubernamentales, los actores sociales se movilizan y gestionan sus propios recursos. En este momento es importante introducir el concepto de autogestión el cual según Morfín y Hudson (2011, 2010 en Torres 2015: p. 100) se relaciona con agencia y autonomía del actor social para la movilización de recursos sociales, económicos, políticos y culturales; ya que estos elementos permiten distanciarse de un Estado autoritario y se opone a una comunicación vertical unidireccional.

Entonces como ya se ha mencionado el Estado está obligado, a través de sus órganos gubernamentales, a garantizar el acceso de toda la población al desarrollo y bienestar social, sin embargo cuando esto no sucede, algunos sectores poblacionales devienen vulnerables ante las consecuencias estructurales que dan vida a la injusticia, la inequidad y la desigualdad social (Torres, 2015). Algunos sectores de la población no cuentan siquiera con las condiciones mínimas de bienestar social y cumplimiento de sus derechos humanos.

En algunos de estos sectores vulnerables se presentan acciones (individuales y/o colectivas) que les permiten generar sus propias formas y recursos para el desarrollo como alternativas a las vías “formales” de éste. A estas acciones se les conoce como autogestión, “un instrumento de emancipación y ejercicio de poder que permite evidenciar no sólo el panorama social sino también enfrentar las condiciones que se muestran antagónicas al desarrollo social (…), sobretodo, el trasfondo radica en que construye sujetos activos, consientes de su condición social, con capacidad de agencia” (Torres, 2015: p. 97).

Estamos hablando de sujetos que al volverse conscientes de su situación, sus necesidades y sus recursos (ante la falta de respuesta por parte del Estado), actúan para modificar su situación, en otras palabras, “los sujetos devienen actores protagónicos del desarrollo a través de la autogestión” (Torres, 2015: p. 98) y transforman su actuar cotidiano en actos políticos emancipatorios de acceso al desarrollo social.

En consecuencia, “la autogestión es un proceso político en tanto que se practica una democracia directa, y se hace ejercicio de un poder horizontal en la toma de decisiones; es social en la medida en que se llevan a cabo interacciones sociales, se establecen redes sociales de acción para la movilización de los recursos, etc.; es ideológico porque sus integrantes asumen una postura ética frente al poder hegemónico, por ende se convierte en un instrumento de emancipación social” (Torres, 2015: p. 98).

La autogestión ha resultado ser una de las respuestas ante la ausencia de política social y el incumplimiento por parte del Estado en garantizar las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos humanos. En cuanto a grupos vulnerables, el que interesa discutir aquí es el las jóvenes mujeres embarazadas en minoría de edad y su situación frente a sus derechos humanos, la atención brindada por parte del Estado para atender a esta población y las prácticas autogestivas de estas jóvenes.


VI. Las jóvenes embarazadas en minoría de edad y la autogestión

El panorama que aparece frente a las mujeres jóvenes embarazadas en minoría de edad es realmente complejo donde intervienen varios actores sociales y circunstancias diversas, esta discusión no se agota con la mera labor por parte del Estado y sus instituciones gubernamentales, tampoco con el análisis de ejercicio discursivo que estas jóvenes puedan hacer de su situación; lo que se pretende es asumir esta postura complejizada de la situación, así como reconocer lo limitado que puede llegar a ser un estudio (en este caso una discusión) desde la perspectiva de un sólo actor.

Antes que nada es importante mencionar que el grupo de jóvenes al cual se hace alusión aquí proviene de dos poblaciones: algunas jóvenes embarazadas que asisten a una preparatoria en la zona centro de la ciudad de Guadalajara, y otras que se encuentran en un albergue de DIF Jalisco y que han sido resguardadas por ser víctimas de algún delito. De estas jóvenes algunos de los embarazos han sido producto de la relación sexual consensuada (por la general con su pareja) y otros son producto de una violación.

Al tratarse de un grupo tan diverso es difícil hacer generalizaciones o hablar con certezas, lo que sí se puede señalar es que la condición de embarazo de estas jóvenes es una experiencia de suma importancia para ellas y que les ha cambiado la vida en muchas maneras y que cada una significa de forma particular, así mismo es necesario reconocer la situación de vulnerabilidad y de incumplimiento de derechos en este grupo poblacional.

Un aspecto relevante es la presencia de culpa y vergüenza en estas jóvenes lo cual es considerablemente importante al momento de tratar de identificar sus prácticas autogestivas, ya que al sentirse culpables y que han fallado difícilmente se reconocen como sujetas de derechos y cualquier “ayuda” o consideración que reciben se percibe como algo que no merecen y se sienten agradecidas. Por ello es difícil hablar de autogestión con estas jóvenes, lo que se pretende aquí es recocer algunas prácticas cotidianas y elementos en su discurso que hablen de autonomía y posible autogestión, porque aunque es innegable la insuficiencia por parte del Estado en la atención hacia esta población, no se sabe es si ellas presentan acciones para generar sus propios recursos o lo que se describió anteriormente como autogestión.

Entre las acciones que las jóvenes llevan a cabo podría incluso señalarse el embarazo mismo como un intento autogestivo, en algunas ocasiones el embarazo representa la independencia de la familia, incluyendo ponerse a salvo ya que existen situaciones de violencia y maltrato que sólo el embarazo permitió visibilizar. El embarazo representa esa salida de casa, alcanzar algunos planes que no han podido concretarse, realizarse como mujeres, volverse adultas y un estar-en-la sociedad como mujer pero sobretodo como madres.

Ante las faltas en el servicio educativo y de las condiciones básicas para que desarrollen planes (estables)a futuro, el embarazo se percibe como ese hecho que vendrá a cubrir sus necesidades de tipo afectivas, familiares, de pareja, de seguridad, incluso económicas; podría el embarazo ser un acto emanacipatorio incluso autogestivo por lo menos desde la perspectiva de algunas jóvenes.

Algunos otros actos cotidianos de llamar la atención podrían englobarse en el “hacerse responsable del bebé”, “salir adelante” o “hacerse cargo” en el discurso  algunas jóvenes señalan que van a salir adelante sea como sea, que tendrán que hacer lo que sea necesario para hacerse cargo de sus hijos y visualizan emplearse, estudiar, acudir por ayuda con algunas personas con tal de que a sus hijos no les falte nada. Aquí es de llamar la atención cómo ellas ni siquiera dudan de que sus hijos (sobre todo su manutención) son de su entera responsabilidad, en algunos casos incluyen a la pareja, pero en su mayoría planean cómo ellas mismas saldrán adelante y no aparece en sus planes la figura del Estado.


VII. A manera de propuestas

La situación hasta ahora percibida y descrita de estas jóvenes es complicada, ha resultado de mucha dificultad el reconocimiento de prácticas autogestivas, es necesario profundizar en el estudio y sobre todo trabajar con las jóvenes en varias líneas, principalmente en autocuidado y conocimiento de sus derechos.

Pareciera que el Estado sólo garantiza las condiciones para legitimar y normalizar las prácticas sexuales tradicionales y todo lo que salga de esa norma es estigmatizado, sancionado y desatendido, por ello la importancia de generar consciencia en estas jóvenes de la importancia en la exigencia de sus propios derechos, conductas de autocuidado en el sentido de que no se sigan colocando como víctimas ante situaciones de riesgo, e incluso hablar de cohesión e identidad grupal  para que de manera colectiva comiencen a exigir respuestas a sus necesidades como jóvenes madres y/o embarazadas en minoría de edad.

Lo ideal sería que el Estado garantizara el cumplimiento de todos nuestros derechos, aunque esa meta se percibe todavía muy lejana, podemos comenzar por evidenciar las violaciones a nuestros derechos, señalar la insuficiencia por parte del Estado, exigir incansablemente nuestros derechos y los de las personas que no pueden hacerlo, solidarizarnos con causas aparentemente ajenas, organizarnos como sociedad, unirnos, formar colectivos y transformar nuestros actos cotidianos en actos políticos: en acciones autogestivas.


VIII. Referencias



Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada en 1917. Última reforma DOF-11-06-2013. En: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/htm/1.htm

Ley General de Desarrollo Social (2004) Última reforma publicada DOF 07-11-13 En: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/264.pdf

Mícher, M. (Compiladora) (2015). Derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Avances y retos a 20 años de las conferencias mundiales de El Cairo y Beijing. Fides Ediciones. México.

Torres, I. (2015) Autogestión de los Jóvenes Y Alcances, limitaciones y aportes al postdesarrollo social. Universidad de Guadalajara. Jalisco, México.




[1] Estas palabras no son de la cita, se agregaron para conectar enunciados.