LAS NIÑAS Y NIÑOS MIXTECOS DE LA COLONIA FERROCARRIL Y SU RELACIÓN CON
PRACTICAS AUTOGESTIVAS
PRESENTA:
Mariana
Aguirre González
Guadalajara,
Jalisco, 13 de abril de 2016
El concepto de autogestión, hace referencia
a la gestión por uno mismo. Etimológicamente el prefijo “auto” significa “por uno mismo o propio” y
gestión se define como administrar o hacer actividades para conseguir algo. Entonces,
la idea de autogestión se relaciona con la participación directa en la toma de
decisiones que afectan nuestra vida.
La autogestión responde
a un contexto en donde comienza el desarrollo del modelo de producción
capitalista. Históricamente tiene su origen en los movimientos obreros, en la
puesta en marcha de la Revolución Industrial, lo que dio como resultado la
creación de comunidades autogestionadas para la producción, el consumo y la
provisión de servicios. Además, se realiza una crítica radical a la sociedad
industrial por las relaciones de
explotación del trabajo.
La autogestión
se presenta como una perspectiva superadora de las relaciones sociales
capitales en el sentido de proponer formas de organización asociativas basadas
en relaciones sociales sin explotación.
Por otro lado, la autogestión comunitaria es una gestión desde
la comunidad. Que permite tomar acciones para transformar unas condiciones en
donde supuestamente no se puede hacer ningún cambio por la comunidad que se
encuentra en un contexto específico, por
ejemplo la pobreza. La autogestión es una práctica que promueve cambios a un
nivel cotidiano pero también a niveles estructurales, es una forma diferente y
creativa de solucionar conflictos y necesidades de una población, intenta mejorar la calidad de vida.
En ese sentido, el
concepto de autogestión comunitaria facilita la relación con las prácticas
organizativas de los pueblos originarios, por el hecho de que históricamente las y los indígenas tienen una tradición de apoyo mutuo organizado,
lo cual les permite desarrollar con mayor facilidad herramientas que promuevan
las cuestiones autogestivas. Como comenta Rodriguez y Ciolli (2011), “la
insurgencia zapatista y las revueltas indígenas en Bolivia y Ecuador, recuperan
la vigencia de tradiciones ancestrales de organización comunitaria, desde
cosmovisiones que disputan la hegemonía cultural occidental” (p.32).
Actualmente la
propuesta teórica del Sumak Kawsay o Buen vivir plantea buscar una buena vida para todos, además se
inspira en el servicio a los demás y en el respeto de todos los seres de la
naturaleza, habría que decir también que está en contra de los modelos
neoliberales-capitalistas.
En Bolivia se
plantea el Vivir Bien, no un vivir mejor a costa del otro, sino un Vivir Bien
basado en la vivencia de nuestros pueblos (Choquehuanca, 2010, p. 8).
Además se
realiza una crítica al modelo de desarrollo, en el sentido de que el desarrollo
está relacionado con el vivir mejor, lo que implica el egoísmo, el
individualismo, la competencia, la mentira, el consumismo, la explotación. Ante
el fracaso del desarrollo, desde el mundo occidental se pretende retomar las
experiencias de los pueblos indígenas, pero sin hacerlo desde una visión de
respeto, sin valorar y entender sus saberes.
El desarrollo
occidental implica para las y los indígenas buscar el acceso a la modernidad,
dejar sus usos y costumbres, incorporarse a la lógica del mercado, abandonar
sus territorios, renunciar a sus formas de autodeterminación e identidad,
olvidarse de su organización local. Además involucra que las comunidades
dependan de las propuestas del Estado para que esté resuelva sus necesidades y
disminuir las capacidades que ellos y
ellas tienen para satisfacerlas.
El
Vivir Bien permite darnos cuenta de que se pueden realizar cosas diferentes a
lo que nos ha mostrado el sistema occidental, y que los pueblos originarios
están tomando sus propias decisiones, resolviendo conflictos, defendiendo sus
tierras, poniéndose de acuerdo, autogestionandose. Nos muestran que hay caminos
diferentes y que la organización es fundamental.
El
planteamiento anterior tiene relevancia para mi proyecto de investigación
porque la población con la que trabajo son niñas y niños mixtecos que viven en
la colonia Ferrocarril. Por lo que el recuperar esa parte de la organización y la autogestión
que han practicado los pueblos originarios
a lo largo de su historia, permite reflexionar procesos autogestivos de
indígenas que actualmente viven en la ciudad y específicamente al hablar de las
niñas y niños que provienen de familias indígenas.
A continuación
describiré a grandes rasgos el contexto que facilita que las poblaciones
indígenas tengan que migrar a otras ciudades para buscar un mejor nivel de vida
y las dificultades que enfrentar al establecerse en las grandes urbes.
El número de
personas en el mundo que migran dentro de los países y de un país a otro sigue
en aumento.
Los flujos
migratorios, principalmente de carácter rural-urbano, han respondido
directamente a la centralización de la actividad económica del país.
Asimismo, junto
a la migración rural-urbana en México, el fenómeno de la migración indígena también se ha dado de
manera paralela al proceso de
industrialización y urbanización, sobre todo a partir de la década de
los años cuarenta, involucrando en sus
diversas modalidades a millones de personas.
Los pueblos indígenas
sienten con particular intensidad los efectos de la urbanización que brinda
oportunidades socioeconómicas, pero acarrea a la vez graves consecuencias para
su cultura, patrimonio y conexión con sus tierras tradicionales.
Se cree
comúnmente que la abrumadora mayoría de los pueblos indígenas vive en territorios rurales, pero la realidad es que
hay muchos indígenas que viven en zonas urbanas. Los pueblos indígenas urbanos
suelen estar dispersos geográficamente, por lo que se puede pasar por alto el
hecho de que constituyen una comunidad bien diferenciada.
La migración del campo a la urbe trae consigo
problemas de marginalidad, desigualdad social, subempleo y grandes poblaciones
que no tienen acceso a la educación y promoción social. La población indígena
se convierte en un problema ético- social.
La migración desde el campo es un factor de
vulnerabilidad para numerosas localidades urbanas, tanto por la acelerada
expansión demográfica y territorial que genera, y los desafíos que acarrea,
como por el proceso de “ruralización” que experimenta y que entraña una
modalidad especial de rezago. La migración entre ciudades modifica esta
relación relativamente clara entre migrantes y vulnerabilidad, y la hace más difusa.
En ese sentido,
la colonia ferrocarril ubicada en el Área Metropolitana de Guadalajara, es la
zona urbana en donde se ubican los y las
migrantes indígenas mixtecos, se encuentra en un punto geográfico cercano al
centro de la ciudad de Guadalajara, por lo que las rutas de ingreso a la comunidad
son accesibles a través del transporte público, vehicular y peatonal. Pese a
dicha centralidad la colonia se encuentra olvidada por los habitantes de
Guadalajara, estando rodeada por fábricas y terrenos irregulares. Es una
colonia en donde se presentan riesgos sociales como la pobreza, violencia,
desprotección jurídica e institucional y discriminación. Igualmente, existen
problemáticas sociales como desempleo, bajos niveles de escolaridad,
drogadicción y delincuencia, lo que da como resultado situaciones que contribuyen
a un ambiente con alta vulnerabilidad.
En ese contexto se encuentra inversa la niñez
mixteca, aunada a que la situación de
las niñas y los niños migrantes indígenas, en las grandes urbes, es una realidad
compleja y contradictoria, es complicado abordar el tema de autogestión, debido
a las condiciones de vida en las que se desarrolla la niñez de la colonia
ferrocarrilera.
Las niñas y los
niños indígenas se encuentran en un
mayor riesgo de que sus derechos sean violentados. En principio por el
sólo hecho de ser infantes son excluidos
de formas múltiples como ciudadanos, ya que culturalmente se les considera como
“menores de edad”.
Además se tiene
la creencia de que las niñas y los niños son posesión de las personas adultas
por el hecho de que satisfacen sus necesidades básicas como alimentación,
techo, vestimenta, etc. Lo anterior implica creer que las personas adultas tienen
el control de recursos y de decisiones de la infancia por la obligación que
tienen de brindar cuidado hacia las niñas y los niños.
Al mismo tiempo se considera a las y los
infantes como personas que no pueden
tomar decisiones, que no tienen voz, que son pasivos, que son como una tabula rasa, moldeables, etc.
Esas características anulan la posibilidad de concebir a la niña o niño como
ciudadanos.
Otra idea
relacionada con la infancia, es pensar que las niñas y niños están sujetos a
las decisiones de las personas adultas. Esta implica que ellos y ellas son
inocentes y no pueden pensar, por lo tanto las personas adultas son las
poseedoras del conocimiento, las que tienen que decir lo que implica un
desarrollo adecuado para el niño o la niña,
y son los que crean las políticas
públicas.
Una concepción
más que se tiene de las niñas y los niños es que pueden participar en las
decisiones relacionadas con sus vidas, siempre y cuando un adulto lo considere adecuado. Lo que implica que el
que toma la última palabra es la persona adulta y la palabra del niño o niña
queda desvalorizada.
En el caso de la
niñez mixteca, sumado a las concepciones negativas de la infancia se encuentra
el origen étnico, por lo cual son acreedores a burlas, discriminación y malos tratos. Son notables las situaciones de
violencia, discriminación y la desprotección jurídica en la que viven las y los
infantes de la colonia ferrocarrilera, por lo que es indispensable dirigir
acciones desde diferentes ámbitos como el académico, político, social,
económico y de participación ciudadana.
En el aspecto
académico, investigadores/ras en ciencias sociales han realizado estudios de la
infancia desde una postura de reconocimiento hacia la conformación social y
política de las y los niños como sujetos capaces de concebirse y explicarse a
sí mismos y a los contextos que los rodean (Robles Irazoqui, 2012) .
Por lo cual,
coincido con el autor, en el sentido de considerar a las niñas y niños como agentes
sociales que participan, otorgan sentido, se conciben y explican a sí mismos y
a la realidad en la que se encuentran inmersos. Además, la población infantil
tiene una capacidad creativa enorme, son curiosas, preguntan, investigan, se
sorprenden. Por lo que es fundamental establecer formas de diálogo para
intercambiar saberes propios con los de las infancias en el contexto de la
investigación (Corona Berkin, 2012) .
Considero que
como profesionales de las ciencias sociales es indispensable que realicemos un
análisis riguroso de la realidad, que desarrollemos un ojo crítico y que
nuestros análisis permitan develar las diversas estructuras de la desigualdad
en la que nos encontramos.
En este sentido, se considera que es fundamental
analizar los procesos sociales que atraviesan las infancias, incorporando al
análisis las distintas perspectivas de los niños y las niñas. Afortunadamente,
en la actualidad, cada vez más académicos/as centran sus reflexiones en los
procesos sociales que involucran a los niños y niñas incluyendo la agencia
infantil no sólo a nivel discursivo en el análisis, sino metodológicamente al
dar cuenta de sus perspectivas respecto
de las situaciones que los envuelven (Hecht & Garcia, 2014).
En conclusión considero
que para fortalecer los procesos autogestivos con las niñas y los niños
mixtecos de la colonia Ferrocarril, es trascendental escuchar lo que piensan, sienten y la forma en
que ven al mundo que los rodea, lo anterior permite que las niñas y los niños reconozcan que
participar en su comunidad es importante, que sus opiniones son respetadas,
reconocidas y que tiene trascendencia para modificar las circunstancias de su
alrededor.
Además el desarrollo de
las niñas y los niños ocurre en un contexto de interacción con los otros y su
entorno, por lo que no se encuentra aislado, sino en constante participación
activa.
El propiciar espacios en
donde las niñas y los niños puedan expresar sus opiniones va fortaleciendo
conductas y actitudes de participación ciudadana, lo que va promoviendo que las
niñas y niños cuestionen los diferentes argumentos que se formulan desde la
familia, la escuela y en general de la vida adulta. Por lo tanto, es probable
que esas niñas y los niños sean
ciudadanos que se organicen para buscar alternativas a sus problemáticas, sin
esperar a que venga el Estado con una
varita mágica a solucionar sus necesidades, sino que tomarán cartas en el
asunto de manera participativa, lo cual tendrá como resultados aportaciones
valiosas para el desarrollo social tanto de manera individual como
colectiva.
Otro aspecto fundamental
para fomentar la autogestión es transformar las relaciones de poder que existen
entre la niñez y la adultez, aunque lo anterior sea un proceso lento debido a
que se trata de cuestiones culturales, es imprescindible modificar la cultura tutelar en relación con
la niñez, ya que promueve conductas asistencialistas.
Es necesario
construir nuevas formas de organización social y que todas las personas
independientemente de su edad, sexo, etnia u orientación sexual, sean sujetos
de derecho. En el caso de la niñez, según González (2012) “se requiere un desplazamiento de la persona adulta de su escala de poder
y darle a la niña y el niño el lugar que les corresponden como sujetos con
derechos ciudadanos y un nuevo marco institucional que redefina la
responsabilidad parental ante las niñas y los niños, reforzando sus redes sociales
y la responsabilidad comunitaria”. (p. 8)
Otro aspecto
que considero importante para ir fomentando la autogestión es platicar y
enseñarles a las niñas y niños ejemplos de prácticas autogestivas, rescatar la
memoria histórica de nuestros pueblos y en específico de las resistencias
indígenas, como se mencionaba anteriormente en esos contextos se cuentan con experiencias
enriquecedoras.
Con respecto
al proceso de investigación es importante reflexionar para abonar en transformar
las relaciones de poder y fomentar las prácticas autogestivas, en ese sentido el
investigador y el investigado son parte uno del otro, por lo que es
imprescindible construir el conocimiento con el otro.
Desde mi posición de investigadora, he tenido que re-conocer, en primera
instancia la posición de poder en la que me encuentro en el sentido de ser la
investigadora (“poseedora de conocimiento”) y desde el adultocentrismo. Desde
mi punto de vista el darse cuenta de lo
anterior, es un primer paso para asumir una posición de horizontalidad y llegar
con una disposición diferente al encuentro con las niñas y los niños.
Otro aspecto que me parece fundamental re-conocer es la igualdad y la
diferencia de la niñez de la colonia ferrocarril, en ese sentido romper con mis
prejuicios hacia las niñas y niños, en el fondo romper con la visión cultural en donde se percibe a la población infantil como
indefensa y que no tienen esa capacidad de participar como protagonistas de sus
vidas, de que son inferiores a
los adultos y son como recipientes que tienen que ser llenados con nuestro
conocimiento.
La interacción con la población infantil de la ferrocarrilera me ha
permitido reconocer la agencia que tienen la niñez, la inteligencia y su manera
diferente de de ver el mundo.
Por lo anterior,
concuerdo con Mario Rufer (2012):
“Con su propuesta de asumir el
privilegio epistémico que “no sólo es una manera de decir “aquí está el
intelectual que habla desde un lugar valorado y autorizado” sino ejercer el
potencial político de esa asunción que no es, hablar por, sino escuchar.” (p.75).
La investigación con niños y niñas implica la construcción de una
postura que pone en entredicho la posición social ocupada por éstos y los
analistas en la producción de conocimiento y el lenguaje. Todos los estudios
acerca de la infancia ofrecen un diálogo concreto con los pequeños (Ribes Pereira, 2012) .
Fletes y
Rizzini (2004) exponen que como responsables, en parte, de la difusión de
conceptos para el estudio de la infancia, debemos realizar un esfuerzo para
develar los mecanismos conceptuales con los cuales los miramos y clasificamos a la infancia. Esto es
importante si no queremos caer en asistencialismo y adultocentrismo.
Finalmente, me resulta positivo poner sobre la mesa
que a través de los procesos de investigación también podemos ir abonando a
otros procesos, en este caso a la autogestión.
Referencias
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Ribes Pereira, R. M. (2012). Investigación con niños:
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Rufer, M.
(2012) “El habla, la escucha y la escritura. Subalternidad y horizontalidad
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