martes, 26 de abril de 2016

Las niñas y niños mixtecos de la Colonia Ferrocarril y su relación con prácticas autogestivas (Mariana Aguirre González)


LAS NIÑAS Y NIÑOS MIXTECOS DE LA COLONIA FERROCARRIL Y SU RELACIÓN CON PRACTICAS AUTOGESTIVAS  



PRESENTA:

Mariana Aguirre González


Guadalajara, Jalisco,  13 de abril de 2016

El concepto de autogestión, hace referencia a la gestión por uno mismo. Etimológicamente el prefijo  “auto” significa “por uno mismo o propio” y gestión se define como administrar o hacer actividades para conseguir algo. Entonces, la idea de autogestión se relaciona con la participación directa en la toma de decisiones que afectan nuestra vida.
La autogestión responde a un contexto en donde comienza el desarrollo del modelo de producción capitalista. Históricamente tiene su origen en los movimientos obreros, en la puesta en marcha de la Revolución Industrial, lo que dio como resultado la creación de comunidades autogestionadas para la producción, el consumo y la provisión de servicios. Además, se realiza una crítica radical a la sociedad industrial  por las relaciones de explotación del trabajo.
La autogestión se presenta como una perspectiva superadora de las relaciones sociales capitales en el sentido de proponer formas de organización asociativas basadas en relaciones sociales sin explotación.
Por otro lado,  la autogestión comunitaria es una gestión desde la comunidad. Que permite tomar acciones para transformar unas condiciones en donde supuestamente no se puede hacer ningún cambio por la comunidad que se encuentra en un contexto específico,  por ejemplo la pobreza. La autogestión es una práctica que promueve cambios a un nivel cotidiano pero también a niveles estructurales, es una forma diferente y creativa de solucionar conflictos y necesidades de una población,  intenta mejorar la calidad de vida.
En ese sentido, el concepto de autogestión comunitaria facilita la relación con las prácticas organizativas de los pueblos originarios, por el hecho de que  históricamente las y los indígenas  tienen una tradición de apoyo mutuo organizado, lo cual les permite desarrollar con mayor facilidad herramientas que promuevan las cuestiones autogestivas. Como comenta Rodriguez y Ciolli (2011), “la insurgencia zapatista y las revueltas indígenas en Bolivia y Ecuador, recuperan la vigencia de tradiciones ancestrales de organización comunitaria, desde cosmovisiones que disputan la hegemonía cultural occidental” (p.32).
Actualmente la propuesta teórica del Sumak Kawsay o Buen vivir plantea  buscar una buena vida para todos, además se inspira en el servicio a los demás y en el respeto de todos los seres de la naturaleza, habría que decir también que está en contra de los modelos neoliberales-capitalistas.  
En Bolivia se plantea el Vivir Bien, no un vivir mejor a costa del otro, sino un Vivir Bien basado en la vivencia de nuestros pueblos (Choquehuanca, 2010, p. 8).
Además se realiza una crítica al modelo de desarrollo, en el sentido de que el desarrollo está relacionado con el vivir mejor, lo que implica el egoísmo, el individualismo, la competencia, la mentira, el consumismo, la explotación. Ante el fracaso del desarrollo, desde el mundo occidental se pretende retomar las experiencias de los pueblos indígenas, pero sin hacerlo desde una visión de respeto, sin valorar y entender sus saberes.
El desarrollo occidental implica para las y los indígenas buscar el acceso a la modernidad, dejar sus usos y costumbres, incorporarse a la lógica del mercado, abandonar sus territorios, renunciar a sus formas de autodeterminación e identidad, olvidarse de su organización local. Además involucra que las comunidades dependan de las propuestas del Estado para que esté resuelva sus necesidades y disminuir las capacidades  que ellos y ellas tienen para satisfacerlas.
            El Vivir Bien permite darnos cuenta de que se pueden realizar cosas diferentes a lo que nos ha mostrado el sistema occidental, y que los pueblos originarios están tomando sus propias decisiones, resolviendo conflictos, defendiendo sus tierras, poniéndose de acuerdo, autogestionandose. Nos muestran que hay caminos diferentes y que la organización es fundamental.
 El planteamiento anterior tiene relevancia para mi proyecto de investigación porque la población con la que trabajo son niñas y niños mixtecos que viven en la colonia Ferrocarril. Por lo que el recuperar  esa parte de la organización y la autogestión que han practicado los pueblos originarios  a lo largo de su historia, permite reflexionar procesos autogestivos de indígenas que actualmente viven en la ciudad y específicamente al hablar de las niñas y niños que provienen de familias indígenas.
A continuación describiré a grandes rasgos el contexto que facilita que las poblaciones indígenas tengan que migrar a otras ciudades para buscar un mejor nivel de vida y las dificultades que enfrentar al establecerse en las grandes urbes.  
El número de personas en el mundo que migran dentro de los países y de un país a otro sigue en aumento.
Los flujos migratorios, principalmente de carácter rural-urbano, han respondido directamente a la centralización de la actividad económica del país.
Asimismo, junto a la migración rural-urbana en México, el fenómeno de la  migración indígena también se ha dado de manera paralela al proceso de  industrialización y urbanización, sobre todo a partir de la década de los años  cuarenta, involucrando en sus diversas modalidades a millones de personas. 
Los pueblos indígenas sienten con particular intensidad los efectos de la urbanización que brinda oportunidades socioeconómicas, pero acarrea a la vez graves consecuencias para su cultura, patrimonio y conexión con sus tierras tradicionales.
Se cree comúnmente que la abrumadora mayoría de los pueblos indígenas vive en  territorios rurales, pero la realidad es que hay muchos indígenas que viven en zonas urbanas. Los pueblos indígenas urbanos suelen estar dispersos geográficamente, por lo que se puede pasar por alto el hecho de que constituyen una comunidad bien diferenciada.
La migración del campo a la urbe trae consigo problemas de marginalidad, desigualdad social, subempleo y grandes poblaciones que no tienen acceso a la educación y promoción social. La población indígena se convierte en un problema ético- social.
 La migración desde el campo es un factor de vulnerabilidad para numerosas localidades urbanas, tanto por la acelerada expansión demográfica y territorial que genera, y los desafíos que acarrea, como por el proceso de “ruralización” que experimenta y que entraña una modalidad especial de rezago. La migración entre ciudades modifica esta relación relativamente clara entre migrantes y vulnerabilidad,  y la hace más difusa.


En ese sentido, la colonia ferrocarril ubicada en el Área Metropolitana de Guadalajara, es la zona urbana en donde se ubican  los y las migrantes indígenas mixtecos, se encuentra en un punto geográfico cercano al centro de la ciudad de Guadalajara, por lo que las rutas de ingreso a la comunidad son accesibles a través del transporte público, vehicular y peatonal. Pese a dicha centralidad la colonia se encuentra olvidada por los habitantes de Guadalajara, estando rodeada por fábricas y terrenos irregulares. Es una colonia en donde se presentan riesgos sociales como la pobreza, violencia, desprotección jurídica e institucional y discriminación. Igualmente, existen problemáticas sociales como desempleo, bajos niveles de escolaridad, drogadicción y delincuencia, lo que da como resultado situaciones que contribuyen a un ambiente con alta vulnerabilidad.
En ese contexto se encuentra inversa la niñez mixteca, aunada  a que la situación de las niñas y los niños migrantes indígenas, en las grandes urbes, es una realidad compleja y contradictoria, es complicado abordar el tema de autogestión, debido a las condiciones de vida en las que se desarrolla la niñez de la colonia ferrocarrilera.
Las niñas y los niños indígenas  se encuentran en un mayor riesgo de que sus derechos sean violentados. En principio por el sólo  hecho de ser infantes son excluidos de formas múltiples como ciudadanos, ya que culturalmente se les considera como “menores de edad”.
Además se tiene la creencia de que las niñas y los niños son posesión de las personas adultas por el hecho de que satisfacen sus necesidades básicas como alimentación, techo, vestimenta, etc. Lo anterior implica creer que las personas adultas tienen el control de recursos y de decisiones de la infancia por la obligación que tienen de brindar cuidado hacia las niñas y los niños.
 Al mismo tiempo se considera a las y los infantes como  personas que no pueden tomar decisiones, que no tienen voz, que son pasivos,  que son como una tabula rasa, moldeables, etc. Esas características anulan la posibilidad de concebir a la niña o niño como ciudadanos.
Otra idea relacionada con la infancia, es pensar que las niñas y niños están sujetos a las decisiones de las personas adultas. Esta implica que ellos y ellas son inocentes y no pueden pensar, por lo tanto las personas adultas son las poseedoras del conocimiento, las que tienen que decir lo que implica un desarrollo adecuado para el niño o la niña,  y son los que crean  las políticas públicas.
Una concepción más que se tiene de las niñas y los niños es que pueden participar en las decisiones relacionadas con sus vidas, siempre y cuando un adulto  lo considere adecuado. Lo que implica que el que toma la última palabra es la persona adulta y la palabra del niño o niña queda desvalorizada.
En el caso de la niñez mixteca, sumado a las concepciones negativas de la infancia se encuentra el origen étnico, por lo cual son acreedores a burlas, discriminación y  malos tratos. Son notables las situaciones de violencia, discriminación y la desprotección jurídica en la que viven las y los infantes de la colonia ferrocarrilera, por lo que es indispensable dirigir acciones desde diferentes ámbitos como el académico, político, social, económico y de participación ciudadana.
En el aspecto académico, investigadores/ras en ciencias sociales han realizado estudios de la infancia desde una postura de reconocimiento hacia la conformación social y política de las y los niños como sujetos capaces de concebirse y explicarse a sí mismos y a los contextos que los rodean (Robles Irazoqui, 2012).
Por lo cual, coincido con el autor, en el sentido de considerar a las niñas y niños como agentes sociales que participan, otorgan sentido, se conciben y explican a sí mismos y a la realidad en la que se encuentran inmersos. Además, la población infantil tiene una capacidad creativa enorme, son curiosas, preguntan, investigan, se sorprenden. Por lo que es fundamental establecer formas de diálogo para intercambiar saberes propios con los de las infancias en el contexto de la investigación (Corona Berkin, 2012).
Considero que como profesionales de las ciencias sociales es indispensable que realicemos un análisis riguroso de la realidad, que desarrollemos un ojo crítico y que nuestros análisis permitan develar las diversas estructuras de la desigualdad en la que nos encontramos.
En este sentido, se considera que es fundamental analizar los procesos sociales que atraviesan las infancias, incorporando al análisis las distintas perspectivas de los niños y las niñas. Afortunadamente, en la actualidad, cada vez más académicos/as centran sus reflexiones en los procesos sociales que involucran a los niños y niñas incluyendo la agencia infantil no sólo a nivel discursivo en el análisis, sino metodológicamente al dar cuenta de  sus perspectivas respecto de las situaciones que los envuelven (Hecht & Garcia, 2014).
En conclusión considero que para fortalecer los procesos autogestivos con las niñas y los niños mixtecos de la colonia Ferrocarril, es trascendental  escuchar lo que piensan, sienten y la forma en que ven al mundo que los rodea, lo anterior  permite que las niñas y los niños reconozcan que participar en su comunidad es importante, que sus opiniones son respetadas, reconocidas y que tiene trascendencia para modificar las circunstancias de su alrededor. 
Además el desarrollo de las niñas y los niños ocurre en un contexto de interacción con los otros y su entorno, por lo que no se encuentra aislado, sino en constante participación activa. 
El propiciar espacios en donde las niñas y los niños puedan  expresar sus opiniones va fortaleciendo conductas y actitudes de participación ciudadana, lo que va promoviendo que las niñas y niños cuestionen los diferentes argumentos que se formulan desde la familia, la escuela y en general de la vida adulta. Por lo tanto, es probable que  esas niñas y los niños sean ciudadanos que se organicen para buscar alternativas a sus problemáticas, sin esperar a que venga el Estado  con una varita mágica a solucionar sus necesidades, sino que tomarán cartas en el asunto de manera participativa, lo cual tendrá como resultados aportaciones valiosas para el desarrollo social tanto de manera individual como colectiva. 
Otro aspecto fundamental para fomentar la autogestión es transformar las relaciones de poder que existen entre la niñez y la adultez, aunque lo anterior sea un proceso lento debido a que se trata de cuestiones culturales, es imprescindible  modificar la cultura tutelar en relación con la niñez, ya que promueve conductas asistencialistas.
Es necesario construir nuevas formas de organización social y que todas las personas independientemente de su edad, sexo, etnia u orientación sexual, sean sujetos de derecho. En el caso de la niñez,  según González (2012) se requiere un desplazamiento de la persona adulta de su escala de poder y darle a la niña y el niño el lugar que les corresponden como sujetos con derechos ciudadanos y un nuevo marco institucional que redefina la responsabilidad parental ante las niñas y los niños, reforzando sus redes sociales y la responsabilidad comunitaria”. (p. 8)
Otro aspecto que considero importante para ir fomentando la autogestión es platicar y enseñarles a las niñas y niños ejemplos de prácticas autogestivas, rescatar la memoria histórica de nuestros pueblos y en específico de las resistencias indígenas, como se mencionaba anteriormente en esos contextos se cuentan con experiencias enriquecedoras.
Con respecto al proceso de investigación es importante reflexionar para abonar en transformar las relaciones de poder y fomentar las prácticas autogestivas, en ese sentido el  investigador y el investigado son parte uno del otro, por lo que es imprescindible construir el conocimiento con el otro.
Desde mi posición de investigadora, he tenido que re-conocer, en primera instancia la posición de poder en la que me encuentro en el sentido de ser la investigadora (“poseedora de conocimiento”) y desde el adultocentrismo. Desde mi punto de vista  el darse cuenta de lo anterior, es un primer paso para asumir una posición de horizontalidad y llegar con una disposición diferente al encuentro con las niñas y los niños.  
Otro aspecto que me parece fundamental re-conocer es la igualdad y la diferencia de la niñez de la colonia ferrocarril, en ese sentido romper con mis prejuicios hacia las niñas y niños, en el fondo romper con la visión cultural en donde se percibe a la población infantil como indefensa y que no tienen esa capacidad de participar como protagonistas de sus vidas, de que son inferiores a los adultos y son como recipientes que tienen que ser llenados con nuestro conocimiento.
La interacción con la población infantil de la ferrocarrilera me ha permitido reconocer la agencia que tienen la niñez, la inteligencia y su manera diferente de de ver el mundo.
Por lo anterior, concuerdo con Mario Rufer (2012):

 “Con su propuesta de asumir el privilegio epistémico que “no sólo es una manera de decir “aquí está el intelectual que habla desde un lugar valorado y autorizado” sino ejercer el potencial político de esa asunción que no es, hablar por, sino escuchar.” (p.75).

La investigación con niños y niñas implica la construcción de una postura que pone en entredicho la posición social ocupada por éstos y los analistas en la producción de conocimiento y el lenguaje. Todos los estudios acerca de la infancia ofrecen un diálogo concreto con los pequeños (Ribes Pereira, 2012).
 Fletes y Rizzini (2004) exponen que como responsables, en parte, de la difusión de conceptos para el estudio de la infancia, debemos realizar un esfuerzo para develar los mecanismos conceptuales con los cuales los miramos y  clasificamos a la infancia. Esto es importante si no queremos caer en asistencialismo y adultocentrismo.
Finalmente, me resulta positivo poner sobre la mesa que a través de los procesos de investigación también podemos ir abonando a otros procesos, en este caso a la autogestión.






Referencias
Choquehuanca, David. (2010). Sumak Kawsay: Recuperar el sentido de vida. América Latina en movimiento p. 8-13.
Corona Berkin, S. (2012). Investigar con "Nosotros y los Otros". Un diálogo con la infancia. En Y. Robles Irazoqui, Entre nosotros y los otros. Experiencias metoológicas de investigaciones con niño sobre comunicación y la vida social. (págs. 7-10). Tuxtla Gutiérrez: Universidad Autónoma de Chiapas.
Fletes, Ricardo e Irene Irizzi (2004) “Río-Guadalajara: paralelismos en el proceso de marginación y niños de la calle”. En Ricardo Fletes e Irene Irizzi (orgs.)  Niños y adolescentes creciendo en contextos de pobreza, marginalidad y violencia en América Latina. Río de Janeiro: PUC/CIESPI/Childwatch International Research Network
González Coto, M; (2012). LA AGENCIA DE LA NIÑA Y EL NIÑO EN LA CONDICIÓN PRE-CIUDADANA. Revista Electrónica "Actualidades Investigativas en Educación", 12() 1-19. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa
Hecht, A. C., & García, M. (2014).Niños y niñas en las fuentes etnográficas sobre poblaciones indígenas (QOM-MBYA). Papeles de trabajo, 61-78.
Ribes Pereira, R. M. (2012). Investigación con niños: Perspectivas para la producción de conocimiento horizontal. En Y. Robles Irazoqui, Entre ello y los otros. Experiencias metodológicas de investigaciones con niños sobre la comunicación y la vida social (págs. 35-48). San Cristóbal de Las Casas: Centro de Estudios Jurídicos y Sociales Mispat, A.C., Universidad Autónoma de Chiapas y Educación para las Ciencias en Chiapas, A.C.
Robles Irazoqui, Y. (2012). Introducción. En Y. Robles Irazoqui, Entre Nosotros y los Otros. Experiencias metodológicas de investigaciones con niños sobre la comunicación y la vida social. (págs. 11-15). Tuxtla Gutiérrez: Universidad Autónoma de Chiapas.

Rodríguez, M., Ciolli, V. (2011). Tensiones entre el emprendedorismo y la autogestión: el papel de las políticas públicas en este recorrido. ORG & DEMO, Marília, v.12, n.1, p. 27-46. Recuperado  de http://www2.marilia.unesp.br/revistas/index/article/viewFile/773/674
Rufer, M. (2012) “El habla, la escucha y la escritura. Subalternidad y horizontalidad desde la crítica poscolonial”, en Kaltmeier, Olaf; Corona Berkin, Sarah (eds.) En diálogo. Metodologías horizontales en las ciencias sociales, Gedisa, México.



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