martes, 26 de abril de 2016

Autogestión autonómica de la educación de los pueblos zapatistas (Gabriela G. Aguilar Martín)

Autogestión autonómica de la educación de los pueblos zapatistas
Elaborado por: Gabriela G. Aguilar MartínGuadalajara, Jalisco, 2016.




“Nuestra tierra es nuestro lugar para soñar con dignidad nuestro futuro”.
Francia Márquez.[1]

Introducción

El presente texto pretende dar cuenta de cómo la insurgencia del movimiento zapatista en general y la práctica de la educación autónoma en particular, tienen en sus bases teóricas conceptos como autogestión, postdesarrollo y autonomía que clarifican la comprensión de dicho movimiento.

La discusión se centrará en los elementos que aporta cada concepto y en su implicación en las prácticas autogestivas del proyecto de educación en los pueblos zapatistas.

En primer lugar, retomo la definición de autogestión y describo cómo esta se manifiesta en el proyecto de educación autónoma zapatista. En un segundo momento, busco caracterizar dicho proyecto como una alternativa al desarrollo, con características similares a los planteamientos realizados por un grupo de autores/as que hicieron la crítica al modelo desarrollista desde un enfoque particular y que se autodenominan post-desarrollistas. Finalmente, explico la noción de autonomía como concepto medular para comprender las luchas de los pueblos indígenas en las que se inserta la del movimiento zapatista.

Autogestión y educación autónoma

Diferentes vertientes recorren el concepto y práctica de la autogestión desde el inicio de la Revolución Industrial. Es por ello que este concepto se encuentra estrechamente relacionado con las luchas sociopolíticas del movimiento obrero y los ciclos de vida de estas luchas.

A lo largo de la historia se vislumbraron vertientes como la autogestión en su forma más radical con la Comuna de París, la proveniente de las corrientes libertarias y anarcosindicalistas, la impulsada desde Estados que ensayaron vías socialistas, la experimentada por China en los años cincuenta, y la promovida por el Estado que también forma parte de algunas experiencias históricas y actuales de gobiernos populares en América Latina (Rodríguez y Ciolli, 2011).

Otra de las vertientes sobre la autogestión proviene del levantamiento zapatista y de las revueltas indígenas en Bolivia y Ecuador, que reivindican tradiciones ancestrales de organización comunitaria desde cosmovisiones que difieren diametralmente de la hegemonía cultural occidental.

Destaca por ejemplo, el hecho de que desde hace más de 15 años los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) han trabajado por descolonizar la educación, haciéndose cargo de la gestión educativa y de la orientación pedagógica, legitimando los conocimientos ancestrales de los pueblos mayas en conjunto con los aportados por los pueblos del occidente.

Desde esta iniciativa, se apuesta por descolonizar la cultura escolar discriminatoria impuesta por el Estado mediante la autogestión regional de sus proyectos comunitarios. De esta manera, cada municipio rebelde ha logrado consolidar el proyecto autónomo zapatista. Los procesos asamblearios y la autogestión de recursos propios, dan cuenta de su organización y planeación pedagógica.

A lo largo de estos años, las prácticas de política educativa de los pueblos organizados en los MAREZ demuestran que es posible administrar de manera autogestiva escuelas rurales con el soporte de una organización política como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Debido a que los procesos pedagógicos de las escuelas zapatistas dependen de procesos de gestión autónoma, las comunidades involucradas desafían el reto de la producción social de conocimientos y de métodos escolares multilingües, interculturales y críticos. (Baronnet, 2011).

El tema de la educación es pues introducido en la agenda de la vida diaria social, cultural y autónoma de la colectividad.

El postdesarrollo en el zapatismo

Es importante resaltar el punto de vista post-desarrollista, dado que contiene elementos que permiten ubicar al zapatismo en general y a su educación autónoma en particular, como modos de desarrollo alternativo.

Tal como señala Arturo Escobar (2005), en los últimos cincuenta años, el concepto de desarrollo en las ciencias sociales, tiene tres momentos fundamentales que corresponden a tres teorías diferentes: la teoría de la modernización, con sus teorías de crecimiento y desarrollo en las décadas de los cincuenta y sesenta; la teoría de la dependencia en los años sesenta y setenta; y aproximaciones críticas al desarrollo como discurso occidental en la segunda mitad de la década de los ochenta y los noventa. De acuerdo con el autor, estos tres momentos se pueden clasificar de acuerdo con los paradigmas de los cuales surgieron, que son las teorías liberales, marxistas y post-estructuralistas.

El concepto de post-desarrollo procede de la teoría post-estructuralista y tiene la finalidad de cuestionar cómo y por qué es que Asia, África y Latinoamérica llegaron a ser definidas como “subdesarrolladas” y de “Tercer Mundo” y cuáles son las consecuencias de esto. La idea del post-desarrollo postula, además, el agotamiento de la idea iluminista del progreso (lineal, ascendente, etc.). Y presenta otras posibles vías para estar mejor.

La suma del descontento generalizado hacia el desarrollo, más los análisis que se realizaron en torno a éste, llevaron a algunos teóricos a plantear el post-desarrollo. Para algunos, apunta Escobar (2005), esto significaba que el desarrollo ya no sería el centro de la vida social, para otros, fue poner en la mesa, una atención más focalizada a los esfuerzos de la gente hacia la construcción de mundos más justos, más humanos, ecológicamente sostenibles, así como el reconocimiento de los movimientos sociales. De esta manera, se estaría dejando de lado la dependencia exclusiva de los conocimientos expertos como el eje número uno.

Existen además esfuerzos por ubicar y/o comparar las características de este punto de vista con el movimiento zapatista, como el de Bingemer (2011) quien considera que muchos de los aspectos del post desarrollo se pueden encontrar en el movimiento zapatista, especialmente su forma de pensar sobre la economía fuera del capitalismo estándar, así como el énfasis que ponen en la preservación de la cultura.

Es importante señalar que el post desarrollo no constituye una teoría homogénea, sino que es más bien una crítica a las prácticas desarrollistas de los últimos tiempos. Es así que el post-desarrollo  se entiende como un momento en que el desarrollo ya no ocupa la práctica social y política de manera central sino que libera el espacio discursivo para que surjan otros pensamientos, otras posibilidades, otras formas de práctica social (véase Mandujano, 2013:238).

Es aquí donde la propuesta zapatista podría situarse como una más de las alternativas a los modelos de desarrollo hegemónicos. Así lo muestran algunas de las prácticas zapatistas como lo son: el anteponer las necesidades de sus pueblos antes que el ánimo de lucro, el organizar su economía de modo cooperativo, la educación como fomento a la creación de nuevas formas de conocimiento y el objetivo de convertirse en una región autónoma.

Los pueblos zapatistas han generado nuevas formas de vivir la política, de pensar e interactuar. Los conceptos de “modernidad” y “desarrollo” no aplican a estas nuevas formas de existir en el mundo, por eso es que reconociendo su quehacer político, podemos decir que no es necesario “desarrollar” a las comunidades indígenas siguiendo los patrones occidentales que nos son tan familiares, sobre todo ahora que sabemos que tales parámetros están en crisis.

Autonomía como parte fundamental del proyecto de transformación social

De acuerdo con Escobar (2011) la autonomía es un movimiento teórico-político que surge de la acción colectiva y política de una gran diversidad de grupos indígenas y afrodescendientes, de campesinos y de hombres y mujeres solidarias pobladoras de territorios urbanos populares.

Los diferentes estudios sobre las luchas por la autonomía, dan cuenta de las múltiples formas en que se puede entender este término así como de los diferentes lugares geográficos y momentos históricos en que ha emergido tal reivindicación. Para este texto, se rescatan las ideas centrales de la autonomía indígena.

A nivel teórico, el concepto de autonomía está relacionado con diferentes tendencias que van desde el pensamiento descolonial y los estudios subalternos y postcoloniales, hasta las epistemologías del sur y la ecología política, entre otros. Particularmente está ligado con nociones como la de descolonización del saber y la interculturalidad. Escobar (2011) sostiene que su peso teórico–político gira en torno a tres grandes conceptos: autonomía, comunalidad y territorialidad.

En Latinoamérica, la condición de colonialismo interno en que viven los pueblos indígenas en los Estados de los que forman parte, problematiza y complejiza el debate sobre la cuestión de la autonomía. Tal como menciona López (2011) no se trata sólo de la autonomía como independencia de clase, en el contexto de la dominación capitalista burguesa o de la autonomía como proceso de formación de la sociedad emancipada:

Se trata de una situación que ni la igualdad jurídica de los ciudadanos pregonada por el liberalismo decimonónico, ni las políticas indigenistas impulsadas por los diversos Estados latinoamericanos durante todo el siglo XX fueron capaces de resolver porque no iban a la raíz del problema (López, 2011. P. 99).

De acuerdo con Díaz-Polanco (2005) la demanda de autonomía ha ocupado un lugar central en el proyecto político planteado por los pueblos indios de Latinoamérica. La autonomía traza el sendero pluralista que estos pueblos proponen para construir nuevas sociedades nacionales. Su impulso proviene principalmente del proceso autonómico de la Costa Atlántica nicaragüense, en 1984, y del levantamiento zapatista de enero de 1994, sin olvidar el levantamiento indígena en Ecuador de 1990. En todos los casos, la autonomía se propone como el ejercicio concreto del derecho a la libre determinación.

Un ejemplo es la instalación de gobiernos autónomos indígenas como un esfuerzo por construir regímenes políticos diferentes a los actuales, donde las comunidades que los integran puedan organizar sus propios poderes, con facultades y competencias específicas de sus autoridades, relativas a su vida interna (López, 2011:92).

En el caso de la rebelión indígena zapatista, considero importante un enfoque socio-histórico que va más allá de la formación del propio país, pues aporta nuevos elementos para interpretar el modo en que se utiliza el concepto de autonomía. En este sentido, Esteva (2011), nos recuerda que para muchos pueblos prehispánicos, “la lucha por la autonomía empezó en realidad desde antes de que el país existiera y consiguió que al final del periodo colonial los territorios bajo control y gobierno de los pueblos fueran llamados repúblicas de indios” (Esteva, 2011:118).

Además, López y Rivas (2006), caracteriza la democracia autonomista como una construcción de poder y ciudadanía desde abajo; una forma de vida cotidiana de control y ejercicio del poder de todos y todas desde el deber ser. Con base en términos éticos, esto es lo que los indígenas zapatistas refieren como mandar obedeciendo.

Con la fundación de los municipios autónomos zapatistas, se logró frenar la capacidad reguladora de las instituciones estatales. En este sentido Shanon Speed (2006), argumenta que al ejercer los derechos por la vía de los hechos, las prácticas culturales de las Juntas de Buen Gobierno, los consejos autónomos y las comisiones encargadas de impartir justicia, como serían las comisiones de honor y justicia, representan un desafío radical al Estado.

Siguiendo esta línea los distintos proyectos emergidos en zona zapatista apuntan hacia lo que podemos llamar una autogestión indígena que se origina en sus bases y pretende desde el trabajo colectivo el impulso de otras formas de relación económicas, políticas y sociales que trabajan cotidianamente por una transformación social y estructural.

De diversas formas, los pueblos zapatistas han aturdido la lógica multicultural del capitalismo a través de prácticas autogestionadas que abren nuevos horizontes y que forman parte de un nuevo proyecto social, político y epistemológico, en las que se instauran las prácticas educativas autónomas.

La educación autónoma zapatista, da pasos direccionados a revertir la asignación de algunos conocimientos impuestos como legítimos y universales, así como el desplazamiento de otros que afectan de manera directa su cosmovisión como pueblos mayas. Las bases sociales del EZLN, se apropian de los espacios educativos de transmisión de conocimiento que adquieren un carácter social, cultural y políticamente diferenciados, de acuerdo a su identidad indígena, campesina y zapatista.

La educación zapatista emerge de la comunidad, lo cual hace referencia a una autogestión y articulación pragmática de los saberes de los pueblos y los provenientes de la cultura nacional y occidental.

Tal es el caso de diversas experiencias en las que sobresale una educación en movimiento y se convierte, en palabras de Zibechi (2007) al “movimiento en sujeto pedagógico”, lo que implica poner énfasis en la reflexión y la evaluación permanentes, posicionarse como espacios de autorreflexión y por lo tanto, generarse “otros” tiempos que no coinciden con los tiempos de los gobiernos ni del Estado. Un ejemplo de ello, son las experiencias del MST de Brasil, del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD), de la Universidad Intercultural de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de los indios ecuatorianos, la experiencia de las comunidades de Raqaypampa, en la zona de Cochabamba, Bolivia, en su lucha por la tierra y la escuela[2], y la experiencia de educación autónoma en Chiapas.

En este contexto puede decirse que el movimiento indígena zapatista, ha transformado las estructuras y las relaciones sociales con la construcción social del poder educativo otorgándole legitimidad política a través de sus gestiones cotidianas. Esta práctica educativa y política se consolida en un proceso participativo, en donde los principales actores sociales son la asamblea comunitaria en su conjunto.
Los pueblos zapatistas ponen en marcha los recursos que tienen a la mano, humanos, simbólicos, políticos, culturales, para trabajar cotidianamente sus procesos político-pedagógicos respondiendo a prioridades que surgen desde y en la colectividad.


Reflexiones finales
Aún cuando la autogestión ha tenido diferentes vertientes y etapas a lo largo del tiempo, resalta su capacidad de delinearse como un nuevo horizonte de acción y pensamiento donde se configura una nueva forma de ser, en la que la responsabilidad es asumida por la colectividad y por consiguiente, los acuerdos y consensos se llevan a cabo entre pares.

En varias sesiones del curso discutimos sobre las líneas que consideramos debe tener la autogestión, algunas que nos parecieron de suma relevancia son la –crítica- y la que supone a la autogestión como una elección ideológica. En este sentido, un punto importante tiene que ver con la implementación de una nueva economía social y solidaria implantada en las redes comunitarias.

Podemos encontrar a nivel local distintas iniciativas que trabajan por modos –otros- de hacer las cosas, organizaciones que trabajan desde la ecología sustentable, las feministas, las que apuestan por una vialidad que respete a toda la ciudadanía, entre otras. En cierto modo, la práctica nos está llevando a procurar formas cada vez más desde abajo, no sólo desde las necesidades, sino de la conciencia misma de querer hacer de este mundo, uno mejor. Se ha resuelto entonces que es imperante gestionar-nos y auto-gestionarnos para avanzar a nuestro objetivo.

En el caso que concierne a mi tema de investigación, encuentro que es imposible que se deslinde de los conceptos de autogestión, autonomía y postdesarrollo y por el contrario, se refuerzan y sostienen, pues están fuertemente arraigados en sus bases teóricas.

Es así que las experiencias zapatistas demuestran que la educación se tiene que construir y gestionar desde los pueblos y para los pueblos, esto da cuenta de una herramienta de resistencia cultural y política, y por lo tanto, de una opción para mejorar las condiciones de vida.
Referencias bibliográficas

Baronnet, B. (2011). La apuesta de las escuelas zapatistas por descolonizar la educación de los pueblos campesinos mayas. Revista Decisio 30, 39-43.

Bingemer, J. (2011). Can the zapatist movement in Chiapas/México be considered a Post Development Movement? Disponible en:http://www.globalpolitics.cz/clanky/can-the-zapatist-movement-in-chiapasmexico-be-considered-a-post-development-movement

Ciolli, V. y Rodríguez, M. (2011). Tensiones entre el emprendedorismo y la autogestión: el papel de las políticas públicas en este recorrido. ORG & DEMO, Marília, v.12, n.1, p. 27-46, Jan. /Jun., 2011

Escobar, A. (2005). El “postdesarrollo” como concepto y práctica social. En Daniel Mato (coord.), Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. Pp. 17-31. Caracas: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela.

Díaz Polanco, H. (2005). Los Dilemas del Pluralismo. En: Pablo Dávalos (comp). Pueblos indígenas, Estado y democracia. Buenos Aires: CLACSO.

Escobar, A. (2011). Una minga para el posdesarrollo. Signo y pensamiento, 30(58), 278-284.

Esteva, G. (2011). Otra autonomía, otra democracia. En Adamovsky, E; Albertani, et al. Pensar las Autonomías: alternativas de emancipación al capital y al Estado. Pp. 117-143. México, D.F: Bajo Tierra y SISIFO.

López, F. (2011). Las autonomías indígenas en América Latina. En Adamovsky, E; Albertani, et al. Pensar las Autonomías: Alternativas de emancipación al capital y el Estado. Bajo tierra ediciones. Pp. 67-102. México, D.F: Bajo Tierra y SISIFO.

López y Rivas, G. (2006). Democracia tutelada versus democracia autonomista en Rebelión, 28 de marzo de 2006.


Mandujano, M. (2013). Postdesarrollo, modernidad y otros mundos; entrevista con Arturo Escobar. Oxímora Revista Internacional de Ética y Política (2) pp. 233-248.

Speed, S., Hernández Castillo, A. y Stephen, L. (Eds). (2006). Dissident women. Gender and Cultural Politics in Chiapas. Austin: University of Texas Press.

Zibechi, R. (2007). Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento. Fondo editorial de la facultad de Ciencias Sociales. Lima, Perú.








[1] Carta abierta de Francia Márquez, líder de La Toma, abril 24 del 2015.
[2] Véase Zibechi, R. Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento. Fondo editorial de la facultad de Ciencias Sociales. Lima, Perú, 2007.

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