Autogestión autonómica de la educación de los pueblos zapatistas
Elaborado
por: Gabriela G. Aguilar MartínGuadalajara,
Jalisco, 2016.
“Nuestra tierra es nuestro lugar para soñar con
dignidad nuestro futuro”.
Francia Márquez.[1]
Introducción
El presente texto pretende dar cuenta de cómo la
insurgencia del movimiento zapatista en general y la práctica de la educación
autónoma en particular, tienen en sus bases teóricas conceptos como autogestión,
postdesarrollo y autonomía que clarifican la comprensión de dicho movimiento.
La discusión se centrará en los elementos que
aporta cada concepto y en su implicación en las prácticas autogestivas del proyecto
de educación en los pueblos zapatistas.
En primer lugar, retomo la definición de autogestión y describo cómo
esta se manifiesta en el proyecto de educación autónoma zapatista. En un
segundo momento, busco caracterizar dicho proyecto como una alternativa al
desarrollo, con características similares a los planteamientos realizados por
un grupo de autores/as que hicieron la crítica al modelo desarrollista desde un
enfoque particular y que se autodenominan post-desarrollistas. Finalmente,
explico la noción de autonomía como concepto medular para comprender las luchas
de los pueblos indígenas en las que se inserta la del movimiento zapatista.
Autogestión
y educación autónoma
Diferentes vertientes recorren el concepto y
práctica de la autogestión desde el inicio de la Revolución Industrial. Es por
ello que este concepto se encuentra estrechamente relacionado con las luchas sociopolíticas
del movimiento obrero y los ciclos de vida de estas luchas.
A lo largo de la historia se vislumbraron
vertientes como la autogestión en su forma más radical con la Comuna de París,
la proveniente de las corrientes libertarias y anarcosindicalistas, la impulsada
desde Estados que ensayaron vías socialistas, la experimentada por China en los
años cincuenta, y la promovida por el Estado que también forma parte de algunas
experiencias históricas y actuales de gobiernos populares en América Latina
(Rodríguez y Ciolli, 2011).
Otra de las vertientes sobre la autogestión
proviene del levantamiento zapatista y de las revueltas indígenas en Bolivia y
Ecuador, que reivindican tradiciones ancestrales de organización comunitaria
desde cosmovisiones que difieren diametralmente de la hegemonía cultural
occidental.
Destaca por ejemplo, el hecho de que desde hace más
de 15 años los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) han trabajado
por descolonizar la educación, haciéndose cargo de la gestión educativa y de la
orientación pedagógica, legitimando los conocimientos ancestrales de los
pueblos mayas en conjunto con los aportados por los pueblos del occidente.
Desde esta iniciativa, se apuesta por descolonizar
la cultura escolar discriminatoria impuesta por el Estado mediante la autogestión
regional de sus proyectos comunitarios. De esta manera, cada municipio rebelde
ha logrado consolidar el proyecto autónomo zapatista. Los procesos asamblearios
y la autogestión de recursos propios, dan cuenta de su organización y planeación
pedagógica.
A lo largo de estos años, las prácticas de política
educativa de los pueblos organizados en los MAREZ demuestran que es posible administrar
de manera autogestiva escuelas rurales con el soporte de una organización
política como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Debido a que los procesos pedagógicos de las escuelas
zapatistas dependen de procesos de gestión autónoma, las comunidades
involucradas desafían el reto de la producción social de conocimientos y de
métodos escolares multilingües, interculturales y críticos. (Baronnet, 2011).
El tema de la educación es pues introducido en la
agenda de la vida diaria social, cultural y autónoma de la colectividad.
El postdesarrollo en el
zapatismo
Es
importante resaltar el punto de vista post-desarrollista, dado que contiene
elementos que permiten ubicar al zapatismo en general y a su educación autónoma
en particular, como modos de desarrollo alternativo.
Tal como
señala Arturo Escobar (2005), en los últimos cincuenta años, el concepto de
desarrollo en las ciencias sociales, tiene tres momentos fundamentales que
corresponden a tres teorías diferentes: la teoría de la modernización, con sus
teorías de crecimiento y desarrollo en las décadas de los cincuenta y sesenta;
la teoría de la dependencia en los años sesenta y setenta; y aproximaciones críticas
al desarrollo como discurso occidental en la segunda mitad de la década de los
ochenta y los noventa. De acuerdo con el autor, estos tres momentos se pueden
clasificar de acuerdo con los paradigmas de los cuales surgieron, que son las
teorías liberales, marxistas y post-estructuralistas.
El concepto
de post-desarrollo procede de la teoría post-estructuralista y tiene la
finalidad de cuestionar cómo y por qué es que Asia, África y Latinoamérica
llegaron a ser definidas como “subdesarrolladas” y de “Tercer Mundo” y cuáles
son las consecuencias de esto. La idea del post-desarrollo postula, además, el agotamiento de la idea
iluminista del progreso (lineal, ascendente, etc.). Y presenta otras posibles
vías para estar mejor.
La suma del
descontento generalizado hacia el desarrollo, más los análisis que se
realizaron en torno a éste, llevaron a algunos teóricos a plantear el post-desarrollo.
Para algunos, apunta Escobar (2005), esto significaba que el desarrollo ya no
sería el centro de la vida social, para otros, fue poner en la mesa, una
atención más focalizada a los esfuerzos de la gente hacia la construcción de
mundos más justos, más humanos, ecológicamente sostenibles, así como el
reconocimiento de los movimientos sociales. De esta manera, se estaría dejando
de lado la dependencia exclusiva de los conocimientos expertos como el eje
número uno.
Existen
además esfuerzos por ubicar y/o comparar las características de este punto de
vista con el movimiento zapatista, como el de Bingemer (2011) quien considera
que muchos de los aspectos del post desarrollo se pueden encontrar en el
movimiento zapatista, especialmente su forma de pensar sobre la economía fuera
del capitalismo estándar, así como el énfasis que ponen en la preservación de la
cultura.
Es importante
señalar que el post desarrollo no constituye una teoría homogénea, sino que es
más bien una crítica a las prácticas desarrollistas de los últimos tiempos. Es
así que el post-desarrollo se entiende
como un momento en que el desarrollo ya no ocupa la práctica social y política de
manera central sino que libera el espacio discursivo para que surjan otros
pensamientos, otras posibilidades, otras formas de práctica social (véase
Mandujano, 2013:238).
Es aquí donde
la propuesta zapatista podría situarse como una más de las alternativas a los
modelos de desarrollo hegemónicos. Así lo muestran algunas de las prácticas
zapatistas como lo son: el anteponer las necesidades de sus pueblos antes que
el ánimo de lucro, el organizar su economía de modo cooperativo, la educación
como fomento a la creación de nuevas formas de conocimiento y el objetivo de
convertirse en una región autónoma.
Los pueblos
zapatistas han generado nuevas formas de vivir la política, de pensar e
interactuar. Los conceptos de “modernidad” y “desarrollo” no aplican a estas
nuevas formas de existir en el mundo, por eso es que reconociendo su quehacer
político, podemos decir que no es necesario “desarrollar” a las comunidades
indígenas siguiendo los patrones occidentales que nos son tan familiares, sobre
todo ahora que sabemos que tales parámetros están en crisis.
Autonomía como parte
fundamental del proyecto de transformación social
De acuerdo con Escobar (2011) la autonomía es un
movimiento teórico-político que surge de la acción colectiva y política de una
gran diversidad de grupos indígenas y afrodescendientes, de campesinos y de
hombres y mujeres solidarias pobladoras de territorios urbanos populares.
Los
diferentes estudios sobre las luchas por la autonomía, dan cuenta de las
múltiples formas en que se puede entender este término así como de los
diferentes lugares geográficos y momentos históricos en que ha emergido tal
reivindicación. Para este texto, se rescatan las ideas centrales de la
autonomía indígena.
A nivel teórico, el concepto de autonomía está
relacionado con diferentes tendencias que van desde el pensamiento descolonial
y los estudios subalternos y postcoloniales, hasta las epistemologías del sur y
la ecología política, entre otros. Particularmente está ligado con nociones
como la de descolonización del saber y la interculturalidad. Escobar (2011) sostiene
que su peso teórico–político gira en torno a tres grandes conceptos: autonomía, comunalidad y territorialidad.
En Latinoamérica, la condición de colonialismo interno en que viven los
pueblos indígenas en los Estados de los que forman parte, problematiza y
complejiza el debate sobre la cuestión de la autonomía. Tal como menciona López
(2011) no se trata sólo de la autonomía como independencia de clase, en el
contexto de la dominación capitalista burguesa o de la autonomía como proceso
de formación de la sociedad emancipada:
Se trata de una situación que ni la igualdad
jurídica de los ciudadanos pregonada por el liberalismo decimonónico, ni las
políticas indigenistas impulsadas por los diversos Estados latinoamericanos
durante todo el siglo XX fueron capaces de resolver porque no iban a la raíz
del problema (López, 2011. P. 99).
De acuerdo con Díaz-Polanco (2005) la demanda de autonomía ha ocupado un
lugar central en el proyecto político planteado por los pueblos indios de
Latinoamérica. La autonomía traza el sendero pluralista que estos pueblos
proponen para construir nuevas sociedades nacionales. Su impulso proviene
principalmente del proceso autonómico de la Costa Atlántica nicaragüense, en
1984, y del levantamiento zapatista de enero de 1994, sin olvidar el
levantamiento indígena en Ecuador de 1990. En todos los casos, la autonomía se
propone como el ejercicio concreto del derecho a la libre determinación.
Un ejemplo es la instalación de gobiernos autónomos indígenas como un
esfuerzo por construir regímenes políticos diferentes a los actuales, donde las
comunidades que los integran puedan organizar sus propios poderes, con facultades
y competencias específicas de sus autoridades, relativas a su vida interna
(López, 2011:92).
En el caso de la rebelión indígena zapatista, considero importante un
enfoque socio-histórico que va más allá de la formación del propio país, pues
aporta nuevos elementos para interpretar el modo en que se utiliza el concepto
de autonomía. En este sentido, Esteva (2011), nos recuerda que para muchos
pueblos prehispánicos, “la lucha por la autonomía empezó en realidad desde
antes de que el país existiera y consiguió que al final del periodo colonial
los territorios bajo control y gobierno de los pueblos fueran llamados repúblicas de indios” (Esteva,
2011:118).
Además, López y Rivas (2006), caracteriza la democracia autonomista como una construcción de poder y ciudadanía desde abajo; una forma de vida
cotidiana de control y ejercicio del poder de todos y todas desde el deber ser.
Con base en términos éticos, esto es lo que los indígenas zapatistas refieren
como mandar obedeciendo.
Con la fundación de los municipios autónomos zapatistas, se logró frenar
la capacidad reguladora de las instituciones estatales. En este sentido Shanon Speed
(2006), argumenta que al ejercer los derechos por la vía de los hechos, las
prácticas culturales de las Juntas de Buen Gobierno, los consejos autónomos y
las comisiones encargadas de impartir justicia, como serían las comisiones de honor
y justicia, representan un desafío radical al Estado.
Siguiendo esta línea los distintos proyectos emergidos en zona zapatista
apuntan hacia lo que podemos llamar una autogestión indígena que se origina en
sus bases y pretende desde el trabajo colectivo el impulso de otras formas de
relación económicas, políticas y sociales que trabajan cotidianamente por una transformación
social y estructural.
De diversas
formas, los pueblos zapatistas han aturdido la lógica multicultural del
capitalismo a través de prácticas autogestionadas que abren nuevos horizontes y
que forman parte de un nuevo proyecto social, político y epistemológico, en las
que se instauran las prácticas educativas autónomas.
La educación
autónoma zapatista, da pasos direccionados a revertir la asignación de algunos
conocimientos impuestos como legítimos y universales, así como el
desplazamiento de otros que afectan de manera directa su cosmovisión como
pueblos mayas. Las bases sociales del EZLN, se apropian de los espacios
educativos de transmisión de conocimiento que adquieren un carácter social,
cultural y políticamente diferenciados, de acuerdo a su identidad indígena,
campesina y zapatista.
La educación zapatista emerge de la comunidad, lo cual hace referencia a
una autogestión y articulación pragmática de los saberes de los pueblos y los
provenientes de la cultura nacional y occidental.
Tal es el caso de diversas experiencias en las que sobresale una educación en movimiento y se convierte, en palabras de Zibechi (2007)
al “movimiento en sujeto pedagógico”, lo que implica poner énfasis en
la reflexión y la evaluación permanentes, posicionarse como espacios de
autorreflexión y por lo tanto, generarse “otros” tiempos que no coinciden con
los tiempos de los gobiernos ni del Estado. Un ejemplo de ello, son las experiencias del MST de Brasil, del Movimiento de Trabajadores
Desocupados (MTD), de la Universidad Intercultural de los Pueblos y
Nacionalidades Indígenas de los indios ecuatorianos, la experiencia de las
comunidades de Raqaypampa, en la zona de Cochabamba, Bolivia, en su lucha por
la tierra y la escuela[2], y la experiencia de educación autónoma en Chiapas.
En este contexto puede decirse que el movimiento indígena zapatista, ha transformado
las estructuras y las relaciones sociales con la construcción social del poder
educativo otorgándole legitimidad política a través de sus gestiones
cotidianas. Esta práctica educativa y política se consolida en un proceso
participativo, en donde los principales actores sociales son la asamblea
comunitaria en su conjunto.
Los pueblos zapatistas ponen en marcha los recursos que tienen a la
mano, humanos, simbólicos, políticos, culturales, para trabajar cotidianamente
sus procesos político-pedagógicos respondiendo a prioridades que surgen desde y
en la colectividad.
Reflexiones finales
Aún cuando la autogestión ha tenido diferentes vertientes
y etapas a lo largo del tiempo, resalta su capacidad de delinearse como un
nuevo horizonte de acción y pensamiento donde se configura una nueva forma de
ser, en la que la responsabilidad es asumida por la colectividad y por consiguiente,
los acuerdos y consensos se llevan a cabo entre pares.
En varias sesiones del curso discutimos sobre las líneas
que consideramos debe tener la autogestión, algunas que nos parecieron de suma
relevancia son la –crítica- y la que supone a la autogestión como una elección
ideológica. En este sentido, un punto importante tiene que ver con la
implementación de una nueva economía social y solidaria implantada en las redes
comunitarias.
Podemos encontrar a nivel local distintas iniciativas que trabajan por
modos –otros- de hacer las cosas, organizaciones que trabajan desde la ecología
sustentable, las feministas, las que apuestan por una vialidad que respete a
toda la ciudadanía, entre otras. En cierto modo, la práctica nos está llevando
a procurar formas cada vez más desde abajo, no sólo desde las necesidades, sino
de la conciencia misma de querer hacer de este mundo, uno mejor. Se ha resuelto
entonces que es imperante gestionar-nos y auto-gestionarnos para avanzar a
nuestro objetivo.
En el caso que concierne a mi tema de investigación, encuentro que es
imposible que se deslinde de los conceptos de autogestión, autonomía y postdesarrollo
y por el contrario, se refuerzan y sostienen, pues están fuertemente arraigados
en sus bases teóricas.
Es así que las experiencias zapatistas demuestran que la
educación se tiene que construir y gestionar desde los pueblos y para los
pueblos, esto da cuenta de una herramienta de resistencia cultural y política,
y por lo tanto, de una opción para mejorar las condiciones de vida.
Referencias
bibliográficas
Baronnet, B. (2011). La
apuesta de las escuelas zapatistas por descolonizar la educación de los pueblos
campesinos mayas. Revista Decisio 30, 39-43.
Bingemer,
J. (2011). Can the zapatist movement in Chiapas/México be considered a Post
Development Movement? Disponible en:http://www.globalpolitics.cz/clanky/can-the-zapatist-movement-in-chiapasmexico-be-considered-a-post-development-movement
Ciolli, V. y Rodríguez,
M. (2011). Tensiones entre el emprendedorismo y la autogestión: el papel de las
políticas públicas en este recorrido. ORG & DEMO, Marília, v.12, n.1, p.
27-46, Jan. /Jun., 2011
Escobar, A. (2005). El
“postdesarrollo” como concepto y práctica social. En Daniel Mato (coord.),
Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. Pp.
17-31. Caracas: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central
de Venezuela.
Díaz Polanco, H. (2005). Los Dilemas del Pluralismo. En: Pablo
Dávalos (comp). Pueblos indígenas, Estado y democracia. Buenos Aires: CLACSO.
Escobar,
A. (2011). Una minga para el posdesarrollo. Signo y pensamiento, 30(58),
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Esteva, G. (2011). Otra autonomía, otra democracia. En
Adamovsky, E; Albertani, et al. Pensar las Autonomías: alternativas de
emancipación al capital y al Estado. Pp. 117-143. México, D.F: Bajo Tierra y
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López, F. (2011). Las autonomías indígenas en América Latina. En
Adamovsky, E; Albertani, et al. Pensar las Autonomías: Alternativas de
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D.F: Bajo Tierra y SISIFO.
López y Rivas, G. (2006). Democracia tutelada versus democracia
autonomista en Rebelión,
28 de marzo de 2006.
Mandujano, M. (2013).
Postdesarrollo, modernidad y otros mundos; entrevista con Arturo Escobar. Oxímora Revista Internacional de Ética y
Política (2) pp. 233-248.
Speed, S., Hernández
Castillo, A. y Stephen, L. (Eds). (2006). Dissident women. Gender and Cultural
Politics in Chiapas. Austin: University of Texas Press.
Zibechi, R. (2007).
Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento. Fondo editorial de
la facultad de Ciencias Sociales. Lima, Perú.
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